viernes, 4 de diciembre de 2009

La Náusea - Jean Paul Sartre



Bueno, hace un rato estaba yo en el Jardín público. La raíz del castaño se hundía en la tierra, justo debajo de mi banco. Yo ya no recordaba que era una raíz. Las palabras se habían desvanecido, y con ellas la significación de las cosas, sus modos de empleo, las débiles marcas que los hombres han trazado en su superficie. Estaba sentado, un poco encorvado, baja la cabeza, solo frente a aquella masa negra y nudosa, enteramente bruta y que me daba miedo. Y entonces tuve esa iluminación.
Me cortó el aliento. Jamás había presentido, antes de estos últimos días, lo que quería decir “existir”. Era como los demás, como los que se pasean a la orilla del mar con sus trajes de primavera. Decía como ellos: “el mar es verde”, “aquel punto blanco, allá arriba, es una gaviota”, pero no sentía que aquello existía, que la gaviota era una “gaviota-existente”; de ordinario la existencia se oculta. Está ahí, alrededor de nosotros, en nosotros, ella es nosotros, no es posible decir dos palabras sin hablar de ella y, finalmente, queda intocada. Hay que convencerse de que, cuando creía pensar en ella, no pensaba en nada, tenía la cabeza vacía o más exactamente una palabra en la cabeza, la palabra “ser” O pensaba... ¿cómo decirlo? Pensaba la pertenencia, me decía que el mar pertenecía a la clase de los objetos verdes o que el verde formaba parte de las cualidades del mar. Aun mirando las cosas, estaba a cien leguas de pensar que existían: se me presentaban como un decorado. Las tomaba en mis manos, me servían como instrumentos, preveía sus resistencias. Pero todo esto pasaba en la superficie. Si me hubieran preguntado qué era la existencia, habría respondido de buena fe que no era nada, exactamente una forma vacía que se agrega a las cosas desde afuera, sin modificar su naturaleza. Y de golpe estaba allí, clara como el día: la existencia se descubrió de improviso. Había perdido su apariencia inofensiva de categoría abstracta; era la materia misma de las cosas, aquella raíz estaba amasada en existencia. O más bien la raíz, las verjas del jardín, el césped ralo, todo se había desvanecido; la diversidad de las cosas, su individualidad sólo eran una apariencia, un barniz. Ese barniz se había fundido, quedaban masas monstruosas y blandas, en desorden, desnudas, con una desnudez espantosa y obscena.

Jean Paul Sartre - La Náusea.

viernes, 20 de noviembre de 2009

LA PRUEBA DE LA RULETA



El ingeniero Georges Itzigsohn jugaba a la ruleta según un plan minuciosamente calculado, a base de fluctuaciones, estadísticas y cálculo de probabilidades. Su encantadora mujer, a pesar de su formación científica en la facultad de medicina, jugaba apostando a los cumpleaños de sus hijos. Ambos perdían naturalmente, porque de otra manera no existiría el negocio de la ruleta. Pero mientas el ingeniero perdía científicamente, su mujer perdía absurdamente.

Ernesto Sabato - Heterodoxia.

martes, 17 de noviembre de 2009

E-book


E-BOOK


Fue la vedette en la última Feria del Libro en Frankfurt y su desembarco promete revolucionar de tal forma el mercado editorial, que ya se habla de un antes del e-book y después del e-book. Cómo funciona y las cifras del fenómeno.



"Eso no es un libro", bramó Ray Bradbury, uno de los grandes escritores de ciencia ficción del siglo XX, cuando le preguntaron, recientemente, su opinión sobre el e-book. Pero si bien el autor norteamericano, al igual que la mayoría de los lectores, escritores y editores, aún prefieren el papel a la pantalla, el libro electrónico ya es una realidad en el mercado tecnológico y se prepara para conquistar al mundo de la literatura con sus asombrosas posibilidades.

Como alguna vez el nacimiento de la televisión modificó para siempre la industria del cine, o como el walkman y el MP3 revolucionaron la forma de escuchar música, hoy el e-book amenaza con transformar el concepto del libro tal como lo conocemos. Claro que, al igual que cualquier gran cambio tecnológico que se precie de tal, la llegada del e-book lleva implícitos polémicas e interrogantes que ya se comienzan a dilucidar.

Antes que nada: ¿Qué es el e-book? Se trata de un dispositivo electrónico con capacidad para almacenar y reproducir miles de archivos de texto, que por su tamaño, peso y formato intenta emular la versatilidad de un libro tradicional. Cuenta con una pantalla de tinta electrónica que permite leer sin cansar la vista y pasar de una página a la otra con sólo un clic. Además, los nuevos modelos cuentan con una conexión inalámbrica 3G, similar a la de los teléfonos celulares inteligentes, lo que abre la posibilidad de bajar y leer libros, diarios, revistas y todo tipo de publicaciones, pagando –como quien se baja un ringtone o una canción- unos pocos dólares.

“El e-book es ecológico, cómodo para viajar y permitirá la difusión y la recuperación de millones de textos”, sostienen los partidarios del libro digital. En la vereda opuesta, sus detractores defienden la calidez del papel y la diversidad de ediciones y alertan sobre los riesgos de la piratería online y de la extinción de las librerías tradicionales. Para el lector, el cambio de hábito que propone el e-book es radical. Imaginemos unas vacaciones en las que sólo haya que hacer un clic para pasar de una biografía a un clásico, o de un periódico a una revista de chimentos.


La revolución digital
La librería online más grande del mundo, Amazon, picó en punta en el fértil negocio del libro electrónico. A tal punto, que su modelo Kindle es considerado como el IPhone de los e-books. Algunas cifras permiten darse una idea de sus características: tiene capacidad para almacenar 1500 títulos, pesa 280 g, y su grosor de 0,9 cm es menor al de muchos teléfonos móviles. La batería dura hasta dos semanas sin necesidad de recarga y su pantalla de tinta electrónica es de apenas 6 pulgadas. “Nuestro objetivo ha sido diseñar un producto que desaparezca en las manos del consumidor”, dijo Jeff Bezos, el presidente y fundador de Amazon, sobre su nueva criatura, que hoy es la principal fuente de ingresos de la compañía.

En octubre, Amazon dobló la apuesta y anunció una expansión por la cual el Kindle cruzará la frontera norteamericana y se venderá por USD 279 en más de cien países. Si bien aún no está confirmado, la Argentina cuenta con una adecuada red inalámbrica y sería uno de los países elegidos en los que se podrán descargar más de trescientos sesenta mil títulos, por ahora todos en inglés. Cada libro tiene un valor de USD 9,99, que incluye el gasto de conexión, por lo que a fin de mes no hay que pagar facturas adicionales por banda ancha. “Nuestra visión es que cada libro que se haya impreso, se esté imprimiendo o esté descatalogado, en cualquier idioma, esté disponible en sesenta segundos”, sostuvo el presidente de Amazon.

Durante la última Feria del Libro en Frankfurt, la meca de la industria editorial, el e-book fue uno de los grandes protagonistas. Allí, las compañías tecnológicas se codearon con las más prestigiosas casas editoriales y con las grandes plumas de la actualidad. Tanto Google como la cadena estadounidense de librerías Barnes & Noble manifestaron su interés en poner, en breve, un pie en el mercado. Igualmente, todos esperan e intentan adivinar qué conejo sacará de la galera el mago de Apple, Steve Jobs, ya que su empresa trabaja en secreto para dar batalla al Kindle.


Cuestión de tiempo
Sin embargo, pese a las expectativas que hay en la industria y a que la tecnología está disponible hace varios años, el libro digital aún no se popularizó. Según la consultora Forrester Research, se estima que a fines del 2009 se habrán vendido cerca de tres millones de lectores electrónicos en los Estados Unidos, una cifra modesta si se considera que durante su lanzamiento, Apple vendió un millón de IPhones en sólo tres días. Otro dato: la facturación anual del libro en papel en los Estados Unidos es de USD 35.000 millones y la del libro electrónico no supera, aún, los USD 1000 millones por año. “Es una cuestión de tiempo. Nadie discute si va a llegar, sino cuándo será el momento”, explica Pablo Avalluto, director editorial de Random House Mondadori, una de las casas editoras más importantes de la Argentina. Y pronostica una pronta masificación del dispositivo: “Pienso que será en dos o tres años, siempre y cuando sigan bajando los precios de los aparatos”.

Que los lectores puedan tener en la palma de la mano, instantáneamente, y a un precio accesible, cualquiera de las obras de la literatura mundial es una tarea gigantesca. Se trata, ni más ni menos, que de dar vida a la gran librería universal. Las editoriales se apuran para digitalizar sus títulos y negociar los contratos de derechos de autor con los escritores. “La gran discusión pasa por la forma en que se comercializarán los títulos para e-book. En el mercado tradicional se repartían los porcentajes entre el librero, el distribuidor, el autor y el editor. Pero los contratos no preveían semejante desarrollo tecnológico ni tenían en cuenta un mercado universal”, explica Avelluto, quien estuvo presente en la Feria de Frankfurt y fue testigo del furor por el e-book.

En tanto, en los Estados Unidos, las bibliotecas públicas ya ofrecen libros digitalizados a su comunidad. Según datos publicados por el diario The New York Times, son alrededor de cinco mil cuatrocientas las bibliotecas en las cuales la gente puede pedir un libro desde la comodidad de su casa y recibirlo en formato electrónico en su computadora portátil o en el dispositivo Reader, de Sony, que es compatible con los archivos de las bibliotecas. Y si bien el catálogo digital es ínfimo comparado con el de papel, la expansión de las versiones electrónicas es un indicio de que en un futuro se leerá cada vez menos en tinta original y más en tinta electrónica.


¿El fin del papel?
Los más optimistas predicen que, al igual que sucedió con la música o con el cine cuando se digitalizaron y se subieron a la ola de Internet, estamos ante una gran oportunidad para que la gente lea más. Mucho más. Incluso, ya comienzan a pensarse formatos que aprovechen los recursos tecnológicos del e-book para sumarlos a los elementos tradicionales del libro (vale decir, la imagen y la palabra escrita). Entre el sinfín de posibilidades se podría escribir una novela y agregarle música a un cierto pasaje; videos en lugar de ilustraciones estáticas; links que refieran a sitios de Internet y hasta convertir al lector en protagonista.

“No es un modelo sustentable para autores y editores”, se quejan por lo bajo los detractores, quien temen que la piratería informática, tal como sucedió en la industria discográfica, destruya el negocio editorial y que éste deba reinventarse (como lo hizo el de la música, mediante conciertos multitudinarios y las giras permanentes). “El mercado no se va a achicar. Pero sí va a surgir un público nuevo”, sostiene Avelluto.

La postura predominante en el mundo editorial es más conciliadora. La convivencia armónica entre ambos formatos parece ser el escenario más probable en el corto plazo.






Por: Manuel J. Torino – Revista “Nueva”, domingo 15 de noviembre de 2009.

jueves, 12 de noviembre de 2009

El camino del exceso - Héroes del Silencio


Un huracán de palabras en la ronda a tabernas.
Orfeón cotidiano, entóname tu plan.
Salpica la sangre, de espuela enloquece.
Si no hay paraíso, ¿dónde revientas?

Es cierto: ¡camino de exceso, fuente de saber!
Un plato de desprecio ahoga el veneno.
Mientras dure el dinero y dure el empeño,
ladrillo a ladrillo quedan años después.

Si estás dispuesto a afrontar la escena,
no es de William Blake.
¿Estás dispuesto a devorar estrellas
que sacien tu sed?

Y escucha, apenas afino melodías de perdedor.
Los cielos han gastado mi último suspiro,
Quedaron atrás todos los enemigos,
y aún me queda la duda de un futuro mejor.

Si estás dispuesto a afrontar, la escena
no es de William Blake.
¿Estás dispuesto a devorar estrellas
que sacien tu sed?

El camino del exceso.
El camino del exceso.
El camino del exceso.
Dí: el camino del exceso.

Quemamos con malas artes el espíritu del vino,
y no va a regresar. No, no va a regresar.
Y quemamos con malas artes el espíritu del vino,
y no va a regresar. No, no va a regresar.

El camino del exceso.
El camino del exceso.
El camino del exceso.
Dí: el camino del exceso.

Quemamos con malas artes el espíritu del vino,
y no va a regresar. No, no va a regresar.
Y quemamos con malas artes el espíritu del vino,
y no va a regresar. No, no va a regresar.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Rayuela - Julio Cortázar


La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la
piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo (Et tous nos amours, sollozó Emmanuèle boca abajo), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia (Je n’oublierai pas le temps des cérises, pataleó Emmanuèle en el suelo) se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes,
una piedrita y la punta de un zapato.




Fragmento: extraído, capítulo 36 - Rayuela - Julio Cortázar

lunes, 2 de noviembre de 2009

Snob-land II

Salidas que hayan mitigado el snobismo por el que pasé, finalmente, casi no fueron. No las que quería. Sin embargo, hubo algunas más que placenteras.

Fui a una de esas librerías bellísimas y románticas, de las que también visito cuando viajo a Santa Fé. De esas librerías que tienen libros de todo tipo. De esas librerías para lectores con ansias de letras. Y de ahorro.

No hablo de aquellas que tienen estanterías con los libros ordenados por orden alfabético, o por autor, o por temario. Nada de eso. Es de esas librerías que tienen todos los libros en una mezcla que maravilla a cualquiera. Más allá de esa belleza, esto fue lo más importante y lo que más encanto me produjo: el hombre que atendía, calculo de unos cincuenta y cinco años, con un acento español terrible, cuando le pedí “El coleccionista”, de John Fowles, fue a la estantería exacta en donde estaba el libro. No hubo error. No se confundió. No dudó. En un océano de títulos, colores, encuadernaciones fantásticas, él fue al libro exacto.

Salí encantada de ese lugar. Volví al otro día. Quise ponerlo a prueba otra vez. Ahora, con “La niña verde”, de Read. Como el día anterior, sin ni siquiera pensar un segundo en dónde podía estar, caminó hasta una estantería al final del salón. Yo iba detrás de él. Frenó de golpe y, subí la vista, y ahí estaba el libro. Me lo alcanzó, y fui hasta la caja. Cuando estaba por pagar los libros que llevaba, llegó alguien a la caja. Parecía ser alguna especie de amigo, o conocido, planteándole su idea de suicidio. El hombre con el acento español parecía que buscaba evitar su conversación, diciéndole cosas como “bueno, ya pasará todo, sólo es un mal momento por el que estás pasando”, como si eso fuera algo que vaya a molestarme a mí, o a la gente que se encontraba en el lugar. Como si ese hecho puntual fuera a dejar una mala imagen para el comercio en cuestión.

Le consulté por “La náusea”. Creo que le dolió en el alma tener que decirme que no lo tenía.





MissRM

sábado, 31 de octubre de 2009

incorregibles - Por Orlando Barone



No se sabe que Paul Krugman esté al tanto de la leyenda del diario de Yrigoyen.
Pero el Premio Nobel de Economía, de visita en la Argentina, aportó un título periodístico como para incluir en aquel supuesto diario feliz. Dijo:“La crisis para la Argentina ya terminó.
Está, junto a Brasil, en condiciones más óptimas comparativamente”. Andá a engrupir a otra parte “Krug”. Leé, escuchá, enterate. Es que no debe saber nada acerca del país actual. A lo mejor se creyó esos rankings del mundo donde la Argentina aparece en puestos de privilegio en igualdad de género, en libertad de expresión, en expectativas de felicidad cotidiana, etcétera. Aunque los garanticen foros y organizaciones de rango internacional, deben ser mentiras influenciadas desde aquí por el Indec. Además, Krugman no nos conoce. No sabe que Elisa Carrió está predestinada a descarriarse, que Ciro James fue bautizado para espía y que el rabino Bergman ya no quiere parecerse al rabino Marshall Meyer, sino que aspira a obispo castrense. Es que para entender nuestra realidad económica, Krugman tendría que ir al supermercado y comprobar que ya es imposible comprar pulpo cantábrico, centolla del Beagle o trufas de bosque patagónico. Tampoco mira noticieros ni lee los grandes diarios. Y si de casualidad lo hace, seguramente piensa que no se refieren a la Argentina sino a Afganistán o Alto Volta. Y que la demanda de periodistas de cachets suntuarios y malhumorados es sólo una extravagancia del mercado para que defiendan a la gente de la expoliación del Estado.
Por eso, aunque a Krugman le hayan advertido acerca de la orientación del grupo de intelectuales Aurora, si los lee y oye plañir y bramar por el destino negro de la pobre patria, siempre envueltos en sus togas cicerónicas y listos para enarbolar catilinarias, se convencerá de que la libertad de la cual gozan se debe a su coraje temerario. Los “auroreanos” pacíficos fantasean con la idea narcisista de que arriesgan sus vidas. De tan corajudos se contradicen: es que, siendo tan respetuosos de la tradición, la familia y la propiedad descalifican al Gobierno llamándolo “matrimonio”. Y así traicionan moralmente a sus aliados rabínicos y eclesiásticos, que al matrimonio lo consideran sagrado.
Si será que esto es el reinado del fascismo, el totalitarismo, la dictadura y el absolutismo que, de no mediar la vocación libertaria de los multimedios, los líderes opositores no tendrían forma de seguir gritando cómo son censurados y perseguidos. Y los perseguidores deberían reconocer su ineficacia porque tanta persecución, durante tanto tiempo, y no lograr encarcelarlos ni enviarlos a las cámaras de torturas testimonia su fracaso.
El otro día, mientras me estaban cortando el pelo, entra en el salón un señor que, dirigiéndose al peluquero, dijo para que todos lo oyéramos: “Cuando se vayan la Presidenta y la dictadura que tenemos, te traigo una botella de vino para brindar”. Imaginé qué temor a la dictadura tenía el tipo, fanfarroneando su desprecio por el Gobierno sin saber quiénes eran o pensaban los clientes que allí había. ¿Por qué esa ostentación de impunidad social y desaprensiva prepotencia? No parece probable que a la peluquería entre un tipo vivando al Gobierno. No me digan que no hay: que no queda ninguno. O que los que quedan para vivarlo están en sus guaridas y taperas velando las armas de destrucción masiva. Lo que creo es que la actitud del que entró y sentenció al Gobierno en la peluquería es la consecuencia de sentirse aprobado desde los medios. Y legitimado por la sociedad que frecuenta, alimentada voluntaria y entusiastamente por aquéllos.
No es que sean incorregibles; son irreformables. Antípoda de reformable. Lo irreformable no se reforma con ninguna reforma política. Sus oficiantes no están en sus bancas para votar o no votar una ley importante, quieren abolir cualquier ley últimamente sancionada y no asisten a los actos donde la Presidenta hace anuncios que involucran a la clase política. Faltan con aviso, justificadamente. No faltaba más. Tienen la agenda cargada con asistencia perfecta a todos los programas audiovisuales que demandan voces e individuos irreformables.
Krugman además debería leer a Pino Solanas expresarse ante la reforma política. El jueves, sin enfriarse luego del anuncio de la Presidenta, escribió en el diario Critica: “Hoy el PJ y la UCR, corresponsables de estas décadas de honda crisis, vaciamiento, mediocridad y saqueo, buscan unirse para impedir que surja una nueva fuerza (…) Hay un pueblo que está esperando, que está cansado de optar entre Frankenstein o Drácula (…) Alerta argentinos. Impedir que se ejecute esta trampa es responsabilidad de todos”. No sé, tenía la idea de que Pino Solanas era peronista. Al menos me guío por sus películas. Es cierto que la ficción no es la realidad sino una metáfora.
Mejor ficción es la de Julio Cortázar en ese relato ya clásico “La autopista del sur”. No hubo ni hay taller literario donde aspirantes a escritores no lo hayan plagiado o tratado de imitar malamente. Es el caso de Joaquín Morales Solá en La Nación, en su crónica pacifista “Escenas de un piquete bélico en la Panamericana”. Tocado en su fibra literaria por los huelguistas de Kraft-Terrabusi, se inspira: “La marcha de los vehículos, cuando marchan, es la de un hombre cansado, lento. El hastío es lo que más abunda. El calor empieza a apretar. La temperatura en la ruta llega a los 29 grados. ‘¿Quiere un poco de agua. Yo siempre cargo agua cuando viajo a la capital. No sé con qué problema me voy a encontrar’, ofrece una señora que tiene agua y también una vianda para sus inciertos itinerarios por la Ciudad y sus alrededores. ‘Yo comparto el mate’, intercede un camionero, que es la envidia de todos porque está en una atalaya desde donde ve más allá que el resto de los mortales. ‘¿Qué ve desde ahí?’, le preguntamos todos. ‘Decepción: la cola es muy larga y no veo el final. ¿Quieren mate? Ayuda a pasar el tiempo’, insiste”. Autos importados conviven con cascajos de hace tres décadas (…) ‘La culpa es de estos Kirchner, hermano’, empieza a analizar el pobre. ‘Y también de nosotros viejo, que debemos ser el pueblo con más paciencia del mundo’, le contesta el rico. La sociología amenazaba con matar la politología cuando la marcha desigual dejó al pobre detrás del rico”.
¡Ay Cortázar! No rozar tu creatividad literaria en vano. El filósofo Maradona por algo dijo lo que dijo: “Que la sigan chupando”. Para disculparlo ante la FIFA, alegan que estaba bajo los efectos de emoción violenta. También esta crónica. Que, de todos modos, siempre será de menor emoción violenta que la de los “irreformables”. Ese escalón de malhumorados rabiosos, superador de aquel ya remoto “incorregibles” acuñado por Borges. Lo cierto es que por ahora los irreformables están obligados a chupar.

miércoles, 28 de octubre de 2009


Ella quiere deshacerse
del dolor que oxida su piel.
Y no lo logra.
No
lo logra.

domingo, 25 de octubre de 2009

Los fachos de la red - por Reynaldo Sietecase

¿Son tantos como parecen? ¿Son gente común que va al trabajo, hace el amor, ayuda a sus hijos con las tareas de la escuela y antes de dormir le dedica unos minutos a internet? ¿Son todos como esos jóvenes musculosos que levantan el brazo derecho en los actos organizados por Cecilia Pando? ¿O se trata de ciudadanos honestos que pagan sus impuestos y escriben a los medios como “la mejor manera de participar en política”? ¿Estaban desde antes o aparecieron todos después de la pelea del Gobierno y las entidades del campo? ¿Por qué si nosotros tenemos tantas dudas, ellos sólo exhiben certezas? Son los fachos de la red, los titanes de internet, los justicieros.

Cuando se enojan, y todo el tiempo se enojan, son incansables, hirientes, jodidos. Además, aunque suenen confusos o tengan problemas de expresión, están convencidos. Están muy convencidos y eso es lo importante. Desde esa convicción de hierro insultan, amenazan y prometen todo tipo de represalias contra el autor en cuestión. Dicen por ejemplo que, más temprano que tarde (perdón Salvador Allende), harán tronar el escarmiento.

Son duros. Adoran las chicanas. Evitan discutir sobre argumentos. Se ocultan en el anonimato que permite la horizontalidad democrática de la web –una de las grandes virtudes de internet, por cierto– y desde las sombras disparan contra el traidor, el débil, el vende patria. De esta manera hacen justicia virtual. Transforman sus teclados en espadas vengadoras. Disparan comentarios como misiles.

Parados sobre sus banquitos invisibles, levantan los dedos acusadores. Dan lecciones de periodismo, historia y alta política. Se ubican a la izquierda o a la derecha de la pantalla. Depende el día, depende el tema. Cada tanto exigen indignados: “¿Por qué no hablan más de inseguridad? Nos están matando a todos –advierten citando números y encuestas–. Los delincuentes están en la calle y vos lamentando la muerte de Nicolás Casullo”.

Siempre tienen razón. Quien no piense como ellos está equivocado. Quien no acuerde con sus opiniones es el enemigo, o un escriba pagado por el Gobierno, o un mercenario bancado por la oposición y las multinacionales, un agente de la patria mediática, un miembro de la sinarquía internacional o un comunista solapado. Depende el tema, depende del día. Como decía mi abuela: cree el ladrón que todos son de su condición.

Eso sí, no admiten medias tintas. Quieren que todos se definan. Es blanco o es negro. En realidad, quieren más blanco que negro. Se indignan por el hambre pero abominan de los hambrientos. Se conmueven por la desigualdad pero repudian los métodos de reclamo popular. Creen que todo aporte del Estado a los sectores carecientes es como darles margaritas a los chanchos. Afirman que todo dirigente social está comprado. Que todos los empleados públicos son vagos. Gozan con la división. Creen que estamos en guerra y que es necesario elegir bando. No rescatan nada de nadie. Ven en cada error una conspiración.

Forman una rara legión imposible de clasificar por sus ideas. Hay kirchneristas doloridos y antikirchneristas virulentos. Hay gorilas de todo pelaje y peronistas de cualquier sector. Hay liberales y golpistas. Todos unidos por la intolerancia. Algunos hasta se animan a levantar las banderas del racismo. Participan orgullosos de una suerte de vale todo verbal.

Hay temas que los ponen especialmente locos: las notas sobre condenas a represores –sugiero repasar los comentarios que se suscitaron en la web por el traslado de Jorge Rafael Videla a una cárcel común. Las cuestiones que apunten a defender la programación familiar o el debate sobre la despenalización del aborto. Una nueva ley sobre la forma de castigar el consumo de drogas despierta un tsunami de comentarios rabiosos e ignorantes. El ranking sigue con las peripecias de los ex Montoneros –algunas de verdad impresentables–, los despistes de los piqueteros, los aciertos de los K, los enchastres de los K y algunos más.

Son los fachos de la red. Los titanes de internet, los que garantizan ciento por ciento lucha debajo de cada nota.

Conviene no hacerlos enojar.

La problematización de la realidad


De hecho, el valor de la filosofía debe ser buscado en una larga medida en su real incertidumbre. El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía va por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las que se han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el consentimiento deliberado de su razón. Para éste hombre el mundo tiende a hacerse preciso, definido, obvio; los objetos habituales no le suscitan problema alguno y las posibilidades no familiares son desdeñosamente rechazadas. Desde el momento en que empezamos a filosofar hallamos, por el contrario, que aún los objetos más ordinarios conducen a problemas a los cuales sólo podemos dar respuestas muy incompletas. La filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la verdadera respuesta a las dudas que suscita, es capaz de sugerir diversas posibilidades que amplían nuestro pensamiento y nos libran de la tiranía de la costumbre. Así, el dismunuir nuestro sentimiento de certeza sobre lo que las cosas son aumento en alto grado nuestro conocimiento de lo que pueden ser; rechaza el dogmatismo algo arrogante de los que no se han introducido jamás en la región de la duda libradora guarda vivaz nuestro sentido de la admiración presentando los objetos familiares en un aspecto no familiar.


Russell, Bertrand - Los problemas de la filosofía - Barcelona, Labor, 1970 pp. 131-132

viernes, 23 de octubre de 2009

Snob-land

En compañía de mi tía, ayudándola a hacer sus compras en un shopping, entré en una librería. Son esas bien comerciales, no de las que son de mi preferencia, pero me gusta entrar sólo por curiosidad.
Estábamos (como casi siempre, en todo) con los horarios ajustados. Yo sumergida en mirar los libros y mi tía intentando extirparme de ese lugar, vimos una mujer. Era de esas mujeres que salen de esos lugares con una cantidad inexplicable de bolsas de colores llamativos, y que caminan de ese modo del que caminan quienes marchan tirando todo al suelo para que la mucama o el mayordomo siga detrás de ella recogiendo todo.
Ésta mujer se encontró, de casualidad, con quien, supongo, debía ser su amiga, o algo así. Se saludaron con la mayor efusión que pudieron esgrimir, y la dama de mi historia, le decía:
- Vení a cenar ésta noche a casa, vamos a tener champagne a montones.
Se despidieron. Con más efusión con la que se saludaron anteriormente. Nuestra protagonista platinada, como ya me imaginaba yo, comenzó a hablar por su teléfono celular, por supuesto, con ese tono de voz inusualmente alto.

Conclusión uno: la gente que de forma certera toma champagne a montones lo hace de una manera discreta. O no de una manera discreta, pero no lo vocifera en el medio de la librería de un shopping.
Conclusión dos: la gente que de forma certera toma champagne a montones y que tiene una mucama o un mayordomo que vaya recogiendo las bolsas de colores llamativos que van dejando tiradas, no creo que frecuente una librería en un shopping.

Vos, tacháme de prejuiciosa. Y lo más probable es que estés en lo cierto.
No me incluyo en el círculo de personas que piensan que el dinero es malo, sino por el contrario, me gusta/gustaría tener dinero. Sí me incluyo en el círculo de personas que piensan que el snobismo es malo. Me parece un gasto inútil de enegía. Y, creéme, cada vez lo entiendo menos.





MissRM

domingo, 18 de octubre de 2009

Sirenas en Puerto Montt


Y emergieron las sirenas
de la espuma...
ofreciendo nacaradas esculturas.
Caprichoso
te enredaste en sus cabellos
maniobrando con hombría sus finuras.

Entre todas
escogiste a una sola,
la tomaste con poder de marinero,
la elevaste
por encima de las olas
y en su pubis derramaste caracolas.

¡Hombre sabio,
Poseidón sobre los mares!
¡Cómo quise ser tu pálida sirena!
Pero en cambio,
soy la sombra de una pena...
y en los muelles de tu puerto...
quien te espera.

(A Carlos Villegas)

de Cynthia Lorena Kilian

jueves, 15 de octubre de 2009

Para contrarrestar el mal humor que me producen algunas salidas con carencia total de interés para mí, y con nulo aporte a mi gusto, hice una lista. Así:
1. Ir a esas librerías bellísimas y románticas que tanto me gustan.
2. Ir (si la vaciedad no influye) a conocer, por fin, lo que más queria: el Museo de Bellas Artes.
3. Caminar y entrar de imprevisto a ese local mínimo que tiene, vistas a grandes rasgos, las más hermosas fotografías y esos cuadros que son encantadores.

Esas opciones son más que suficientes para mitigar el malestar generado.

O puedo seguir alimentándome con Freud.

Prontamente, comentarios sobre lo mencionado en líneas anteriores.

O, también, puedo ir a un retiro espiritual "María Santificada por el Espíritu Santo".

¿Si? ¿Si?

martes, 6 de octubre de 2009

"Cuando volví a Buenos Aires aún no tenía idea de lo que habría de estudiar. Quería todo o quizá no quería nada. Me gustaba pintar, escribía cuentos y poemas. Pero, ¿era eso una profesión? ¿Se podía decirle en serio a la gente que uno querría dedicarse a pintar o a escribir? ¿No eran más bien pasatiempos de gente desocupada y sin responsabilidad? Todos los demás parecían tan sólidos, instalados en las facultades de medicina o de ingeniería, estudiando la forma de curar una escarlatina o de levantar un puente, que yo mismo me tomaba en broma".
(Ernesto Sábato)




Dividida entre los héroes, las tumbas, las humillaciones, las ofensas.

Hace ya un tiempo considerable, hablaba con él, y comentaba sobre ésta cita. Creo que la única diferencia era que se la mostré un poco más extensa.
Y mientras hacíamos los comentarios respectivos, me acordaba de ésta excelente parte de "Humillados y ofendidos":

"No sé por qué -pensaba ella- lo elogiarán tanto... Un escritor, un poeta... Pero, ¿qué es, después de todo, un escritor?. Lo elogian -pensaba, refiriéndose a mí-. ¿Y por qué?... Lo ignoro. Escritor, poeta... Pero, después de todo, ¿qué es eso de escritor?".

Hace ya un tiempo considerable, alguien me preguntó qué pensaba seguir estudiando. Contesté, agradablemente, que mi inclinación era a las humanidades, a las letras. Como toda respuesta recibí un "ah, escribís". Tan frío como el hielo era el tono de menosprecio en esa pequeña frase. Tenía conocimiento sobre la profesión de mi interlocutor, y le respondí algo que, a sus oídos, resultó no grato. Así fué mi etiqueta: ingrata.
Me quedé pensando mucho. Y, como todo lo que me inquieta, la mayoría de las veces me quita el sueño. Y, sacando conclusiones, pensé esto: que, las personas que se consideran normales, tienen la idea siguiente: que los escritores son personas poco normales que viven en sólo una habitación con un colchón en el piso, y repletos de libros. Como Vania. Y eso sería mi ideal de paraíso.
Ahora, yo le pregunto a esa persona, a ese profesional tan importante, ¿qué considera él como normal? ¿Se considera él como normal? ¿Nos imagina como personas con ocio al por mayor, con responsabilidades nulas? Que los verdaderos escritores disculpen mi insolencia: ya me siento una de ellos.
Alguien, con más ánimo con respecto a mí, me dijo lo siguiente: "¿Para qué escribís? ¿Para tener los papeles (no esperados) archivados en una caja o en una carpeta? Mirá si los físicos, los químicos, los filósofos, los psicólogos y mil personas más no hubieran publicado sus conocimientos. ¿Qué hubiese sido de nosotros?".
Pensaba.
¿Para qué publicar? ¿Para ver que en las librerías del país hay libros de Belén Francese (o como se escriba), de Ileana Calabró que diga cómo hacer tiramisú, del Bambino Veira?. Creo que es el golpe más bajo que puede haber.
Y fueron incontables las veces en las que me cuestioné a mí misma, al igual que la madre de Natascha Apellidoinentendible, preguntándome qué es, después de todo, un escritor.

jueves, 1 de octubre de 2009

Argentinos - Jorge Lanata



Finalmente las armas terminan peleando contra las palabras. No hay en el mundo pelea más imposible. Las palabras se achican, se esconden, rebotan, se quiebra en guiones, cambian de sitio, saltan de boca en boca, se esconden detrás del silencio entre rumores, sudan en los diccionarios, navegan en los cuentos de las buenas noches, se disfrazan en el exterior y vuelven otras, sangran sangre azul, se disimulan en las sopas de letras, anidan en el corazón y persisten en la memoria. Es la historia de una batalla perdida. Los militares deberían saberlo: intentaron lo mismo a mediados de los cincuenta con la palabra “Peron”: la expulsaron de la prensa, de los cables informativos, de los colegios, de las fábricas, pero sobrevivió en la calle, donde fue susurrada hasta convertirse en un grito.

(..)

Veintiún años más tardes el miedo fue aun mas grandes y el tono de la batalla más desesperado: ya no se trató de prohibir una sola palabra, sino una colección de ideas, demoler decenas de puntos de vistas, eliminar cualquier vestigio de pensamiento libre: pelearon contra la música (como si se pudiera prohibir el silbido y el tarareo), contra los libros que enterraron y quemaron (como si pudieran borrar la memoria por decreto), contra el sexo ( como si pudieran clausurar la humedad de la luna y la piel), y contra el viento en términos generales.

martes, 29 de septiembre de 2009

Humillados y ofendidos - Fédor Dostoievski


Era Natascha recelosa, pero limpia de corazón y recta. Sus recelos procedían de una fuente pura. Era orgullosa, noblemente orgullosa, y no podía sufrir que lo que ella juzgaba superior a todo fuera objeto de burla ante sus propios ojos. Al desprecio de un hombre ruin habría respondido con el mismo desprecio; pero, no obstante, le dolía en el corazón que se burlase de aquello que consideraba sacrosanto, fuese quien fuese el burlón. No era ésto debido a falta de firmeza. Se debía en parte a su harto escaso conocimiento del mundo, a su falta de trato con las gentes, a haberse pasado la vida metida en un rincón. Toda la vida se la había pasado sin apenas salir de su casa. Y, finalmente, esa cualidad de los seres ingenuos, que quizá le hubiese transmitido su padre, de ponderar a una persona, considerarla mejor de lo que es en el fondo y exagerar exaltadamente su parte buena, se había desarrollado en ella hasta un grado violento. A esas criaturas se les hace después muy duro reponerse de su deslumbramiento, y todavía más duro cuando sienten que eres tú quien tienes la culpa. ¿Por qué esperar de nadie más de lo que puede dar?. A tales individuos, a cada instante, les aguarda un desencanto. Lo mejor de todo sería que se estuviesen quietecitos en sus casas y no aportasen por el mundo; y yo he podido observar que, efectivamente, le tienen tal cariño a su rincón, que se vuelven ariscos en él. Por lo demás, Natascha había sufrido muchos sinsabores, muchas afrentas. Era ya una criatura enferma y no se le podía culpar, si es que mis palabras encerraban una inculpación.


Capítulo VI - Humillados y ofendidos - Fédor Dostoievski.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Párrafo de "La resistencia" - Ernesto Sábato


Tenemos que reaprender lo que es gozar. Estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras. Un lujo verdadero es un encuentro humano, un momento de silencio ante la creación, el gozo de una obra de arte o de un trabajo bien hecho. Gozos verdaderos son aquellos que embargan el alma de gratitud y nos predisponen al amor. La sabiduría que los muchos años me han traído me enseñaron a reconocer la mayor de las alegrías en la vida que nos inunda, aunque aquélla no es posible si la humanidad soporta sufrimientos atroces y pasa hambre.
Rechazar tus miedos.
Re-conocer tu amor.
Infiltrar tu pasión.
Buscar tus tristezas.
Festejar tus locuras.
Iluminar tus noches.
Presentir tus sueños.
Capturar tu soledad.
Compartir tus fantasías.
Recordar tus palabras.




Antonella

jueves, 17 de septiembre de 2009

Dentro de mí se despereza una mujer.
Tiene un vientre sin estrenar, en el que la sangre aún dibuja caminos.
Exhibe una belleza triste, porque hace mucho tiempo atrás el dolor le rasgó toda la piel. Las uñas se le incrustaron en la soledad hasta desangrarse pero, poco a poco, recuperó sus partes.
Siempre converso con ella en la intimidad, y algunas veces, por las tardes, salimos a que nos dé el sol. Su risa posee una estridencia poderosa y sensual; parece brotarle del pelo, de la cintura, de cualquier parte. Esas caderas han amparado el deseo, se han dejado llevar a aquel lugar en el que el amor estalla de una manera imprevisible.
Generalmente, acostumbra a andar desnuda dentro de mí. Y todos comentan. Pero a ella no le importa. Sus pechos son cálidos; esa mujer tiene una fragilidad de hierro que me protege del miedo.
En los momentos en que está callada toco su boca, que es de la medida exacta que la mía. Se descubre el santuario secreto en donde guarda su deseo. Me revuelco en su alma, festejo ese par de piernas que darán luz a la humanidad que reste.
Despacio acaricio el silencio y, sin querer, me ocurre el milagro de ser ella.




Antonella.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El rumbo de tus sueños - Enrique Bunbury




Jamás te recuerdo... porque nunca te olvido.
Tu cuerpo fué la guarida favorita de mi cuerpo.
Hay una estela de ausencia, de coincidencia literaria,
de locas armonías, de piel azteca.

Y ahora tengo las arterias llenas de etcéteras,
y un corazón espartano y unas manos
que creen en los milagros.

Pero son tan perezosos, son tan impuntuales.
Como hermosas tus tristezas, como las mías fatales.

Y ahora tengo las arterias llenas de etcéteras,
y un corazón espartano y unas manos
que creen en los milagros.

Al límite de un temblor de conspiración divina,
el rumbo de tus sueños coincide con mis pesadillas.

martes, 8 de septiembre de 2009

Reminiscencias de "Rayuela"

"...Y yo te siento temblar contra mí, como una luna en el agua".
(Julio Cortázar)





¿Cómo encerrar hoy, en una letra, un sentimiento?



Para leerse bajito, susurrando, con voz de secreto sumergido...



¡Shh!



Puedo empezar contando lo que me pasó una vez, cuando caminaba, y el abecedario empezaba por E. Esa E que desprendía un susurro, esa boca que esperaba entreabierta. Esperaba un beso. Un beso de esos que le duermen los ojos, para que se ilumine por dentro. Es todo ese mundo externo que se siente exclusivamente con luz de ojos. Y no es cualquier beso. Es aquel que por E empieza. Es ése solo, y sólo ese. Con una música de espaldas de lento atardecer, de freno repentino, de respiración contenida bajo el agua, de imagen detenida, de tiempo ausente, de algo que no es, porque todavía no aconteció. Y entonces, si no sucedió, aún no lleva nombre, porque el tiempo, ¡qué locura!, el tiempo se perdió al no encontrar el laberinto que cruza la luz, en un parpadeo de ojos dormidos. Espera mientras se pasa de E, de E entreabierta y susurrada, con mirada de sol que ilumina adentro; iluminan escamas de luz descompuesta: cuando están abiertos, para encenderse aún más en adentro; cuando están cerrados, minuto tras minuto, tras minuto, tras otro... ¿Seguiremos llamándole así? ¿Minuto?. Se suma o se resta ese algo, que permanece más si se suma, se va abriendo el telón. Y es ahí cuando uno tiene más, uno más, uno más, más... más, porque permanece iluminado más y hay menos de lo otro, porque va de camino al verano y ya no es aquel tiempo de permanencia débil, que sí ocurre cuando se va cerrando, porque va de camino al invierno, y uno tiene menos de eso, pero se aprovecha más, porque se sueña con la época de amor y sal y, en materia de sueños, el tiempo no es dueño.



Quiero pasar un invierno entero con vos, empezando por E.



Parpadeamos en éste invierno, siempre se conforma ese beso, y todo se fué cerrando con un leve y lento susurro, y el telón baja y deja el cartel afuera: "Hibernando. Por favor, no molestar". El sol se mostraba dos minutos menos cada día, y ante esa angustia nos hundimos en un cálido beso. Hibernamos llenos de caricias que mezclan amor y sal. Conocido y abrazado sin llegar nunca al punto de sentido y sobresentido, porque el sueño de invierno es el pasaporte de E, que le entreabre la boca para que pase y se traspase el tiempo dormido en un suspiro.



¡Shh!




La E es de empezar, y de enamorar...







Antonella.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Me sorprende muchísimo ésta tristeza de muñeca rota.
Un mundo acuático palpita dentro de mí.
En mi cuerpo hay grietas por donde se escapan besos.
Los relojes se niegan a detenerse.
Los relojes me obligan a detenerme.
Las manos se diluyen.
Y amo, huyo, encuentro, duelo, extraño, amo
tu perfume tan presente.




Antonella.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Y, el iris, los cambios

La especialidad en las palabras. El azul está en el alma.
Quizás a vos también el azul te cause cielo.
Causas y consecuencias. ¿Seré tu consecuencia? ¿O tu causa?.
Los colores están en mi causa. La noche es mi consecuencia.
Algunas veces, en la noche, me inundan los colores.
Los siento. Me corroen la piel. Les siento texturas.
En la noche, las palabras, mi especialidad, me abren puertas.
Siento todo. Existen colores.
Son míos. Son varias figuras, y me atraen.
Busco entrar, encontrar más causas y, con ellas, más consecuencias.
Te necesito. Te siento. Mi causa es mi existencia.
Viajar por esa entrada a un mundo desconocido:
está formado por todo lo que siento, y justamente por eso es desconocido.
Quizás seamos, ambos por diferentes partes, causas y consecuencias.
Quizás seamos ese cielo que nos dá el azul.



Antonella.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Viajero de La Noche - Maju López


Viajero de la noche
Espía melancólico de senderos y rutinas
Observa a todos y no dice nada. En voz alta,
sabe muy bien que toda acción genera su consecuencia.
Interminable pacto y alianza con la ciudad
que tanto ama y odia; que es tan bella y tan mediocre, tan triste y monocromática,
La ciudad se tiñe de oro y plata, las sendas antes transitadas de polvo y arcilla, son ahora el pavimento que sostiene tus pasos.
Viajero incesante, mirás por encima de tus hombros y atravesás el alma de fantoche.
Vení, vamos que la noche invita, se llena de ruidos y de gente, de calamidades y de historias, de sin razones y amargura.
Pero tu soledad asumida no te engaña, sólo te dejas seducir por un instante.
Se llena y alumbra de ruidos y fantasmas, de gente conocida y extraña que se repite cada mañana y cada noche, mientras los miro por la ventana de mi habitación.
Vamos, quiero ver dónde tus pasos terminan.
No tengas miedo, la ciudad nos envuleve, casi con disimulo, en el vaivén de un mar de personas; que son tan parecidas, tan similares a vos, pero a la vez...
Tu filosofía de antihéroe mella casi peligrosamente con tus ojos, no dejes de ver las mentiras que nos creamos, con la esperanza que nos dejó Pandora, de que por la mañana las cosas sean a veces y no siempre diferentes.


PEOPLE ARE STRANGE

domingo, 30 de agosto de 2009

El hombre que casi conoció a Michi Panero





NACHO VEGAS

Es hora de recapitular las ostias que me ha dado el mundo.
Hoy querrán oír mi último adiós.
Bien. Poco a poco van llegando y, yo, los recibo en batín.
Y unos me llaman "chaval", y otros me dicen "caballero".
Alguno no se ha querido pronunciar.
Yo una vez tuve un amor pero, si he de ser sincero,
dije no en el altar y, cuando digo no, es no.
Fracasé una vez, fracasé diez mil y, aún así, alzo mi copa hacia el cielo
en un brindis por el hombre de hoy y por lo bien que habita el mundo.
Mirad, las niñas van cantando...
Y no me habléis de eternidad, no me habléis de cielos ni de infiernos.
¿No véis que yo le rezo a un dios que me prometió
que cuando ésto acabe no habrá nada más? ¿Fué bastante ya?.
Y nunca fui en nada el mejor, tampoco he sido un gran amante,
más de una lo querrá atestiguar.
Pero, si algo hay capital, algo de veras importante,
es que me voy a morir y, cuando digo voy, es voy.
Lo he pasado bien, y casi conocí en una ocasión a Michi Panero,
y es bastante más de lo que jamás soñaríais en mil vidas.
Mirad, las niñas van cantando...
Dejadme preguntar: ¿ésto es el final?. Y, si es así, decid,
¿me váis a extrañar?. Veo que asentís pero, yo sé que no.
Qué lástima, no dejaré nadie a quien transmitir mi savia:
consideré insensato procrear.
Y diréis de mí que soy un viejo verde y cascarrabias.
Y diréis muy bien y, cuando digo bien, es bien.
Largo ya de aquí, ¿que queréis de mí? ¿Es mi alma o es mi dinero?
Si de uno carezco y, la otra, es una anomalía en ésta vida.
Mirad, las niñas van cantando...
Bien. Poco a poco van llegando y, yo, los recibo en batín.
Y unos me llaman "chaval", y otros me dicen "caballero".
Alguno no se ha querido pronunciar.
Yo una vez tuve un amor pero, si he de ser sincero,
dije no en el altar y, cuando digo no, es no.

He bebido bien, y casi conocí en una ocasión a Michi Panero y, ahora,
brindo en paz por la humanidad, y por lo bien que habita el mundo.
Escuchad, os lo diré cantando: hasta nunca...

sábado, 29 de agosto de 2009

La mujer habitada - Gioconda Belli

Es de noche. La humedad de la tierra me penetra por estas largas venas de madera. Estoy despierta. ¿Será que nunca más volveré a dormir, nunca más abandonarme a los sueños, nunca más conocer los augurios descifrados de la ensoñación?. Seguramente habrá muchas cosas que nunca más volveré a sentir. Mientras miraba a la mujer tan pensativa en el jardín, hubiera querido saber qué meditaba y hubo momentos que me pareció sentirla cerca, como si sus pensamientos se mezclaran con los murmullos del viento.¡Ah! Pero bien pronto me distraje con la luna. Salió lejos. Se veía grande y amarilla, una fruta madura elevándose en el firmamento, aclarándose, brillando blanca en la medida que se remontaba hacia el punto más alto del cielo. Y las estrellas, otra vez, y su misterio. La noche siempre fue para mí el tiempo de la magia. Volver a verlo después de tantos katunes (cuántos, me pregunto) fue suficiente para despojarme de la tristeza que empezaba a sentir por todos los "nunca más" que me esperan. Debería agradecer a los dioses el haber emergido de nuevo y respirar en tantas ramas, en este ancho vestido verde que me dieron para volver.Me puse a mecerme en el aire, a columpiarme sintiéndome liviana. Ya más de alguna vez había pensado que los árboles se veían tan erectos y gráciles, a pesar de los grandes troncos, como si éstos no les pesaran. Y es que las raíces dan una sensación muy distinta a la de los pies, son diminutas piernas extendidas en la tierra: una parte de mi cuerpo está sumida en la tierra dándome una firme sensación de equilibrio que nunca sentí cuando andaba apoyada en la superficie, cuando sólo tenía pies. Es de noche entonces y las luciérnagas revolotean alrededor de pájaros dormidos. La vida bulle en mí como un estar preñada; un telar de mariposas, el lento gestar de frutas en las corolas de los azahares. Divertido pensar que seré madre de naranjos. Yo que tuve que negarme los hijos.

viernes, 28 de agosto de 2009

Memorias del subsuelo - Fedor Dostoievsky


Cuando llegaban a los dieciséis años, los observaba con una curiosidad sombría: la mezquindad de sus pensamientos, la imbecilidad que denotaban sus ocupaciones, sus conversaciones, sus juegos, me paralizaban de asombro. No comprendían

ciertas cosas de gran importancia, no prestaban atención a las cosas más notables, y ello me impulsó a considerarme, en contra de mi voluntad, muy superior a ellos. No era en modo alguno la vanidad herida el motivo de mi actitud, y, ¡en nombre del cielo!, no me vengáis con esa objeción, tan repetida que ya me produce náuseas, de que yo soñaba despierto mientras ellos poseían ya el sentido de la realidad. ¡De ningún modo! No comprendían nada, no tenían el menor sentido de la realidad. Esto era precisamente lo que me parecía más despreciable en ellos. Por el contrario, acogían la realidad más evidente, la que, por decirlo así, entra por los ojos, con la más estúpida incomprensión. Es más, aunque sólo tenían dieciséis años, ya se inclinaban servilmente ante el éxito. De todo lo verdadero y justo, pero que estaba postergado y despreciado, se burlaban necia y cruelmente. Daban más valor a los diplomas que a la inteligencia. Tenían sólo dieciséis años, y ya ponían por encima de todo las sinecuras.

Deshacer el mundo



Empezar porque si
y acabar no sé cuando
el azul me da cielo
y el iris los cambios
los astros no estan mas lejos
que los hombres que trato
repito otras voces
que siento como mias
y se encierran en mi cuerpo
con rumor de mar gruesa

Te he dicho que no mires atras
porque el cielo no es tuyo
y hay que empezar despacio
a deshacer el mundo

El aliento de la tierra
y su calma serena
y la sombra de la tarde
que es una mano que tiembla
la musica me abre secretos
que ahora estan dentro de mi
al final después de todo
no somos tan distintos
un oasis en desierto
donde queda la paciencia

Te he dicho que no mires atras
porque el cielo no es tuyo
y hay que empezar despacio
a deshacer el mundo

ponme fuera del alcance
del bostezo universal
nos veremos en el exilio o en una celda
ponme fuera del reposo
en mi historia personal
soy un ave rapaz:
mirad mis alas!

jueves, 27 de agosto de 2009

Capítulo 7 de Rayuela



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.