
Jamás te recuerdo... porque nunca te olvido.
Tu cuerpo fué la guarida favorita de mi cuerpo.
Hay una estela de ausencia, de coincidencia literaria,
de locas armonías, de piel azteca.
Y ahora tengo las arterias llenas de etcéteras,
y un corazón espartano y unas manos
que creen en los milagros.
Pero son tan perezosos, son tan impuntuales.
Como hermosas tus tristezas, como las mías fatales.
Y ahora tengo las arterias llenas de etcéteras,
y un corazón espartano y unas manos
que creen en los milagros.
Al límite de un temblor de conspiración divina,
el rumbo de tus sueños coincide con mis pesadillas.
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