martes, 6 de octubre de 2009

"Cuando volví a Buenos Aires aún no tenía idea de lo que habría de estudiar. Quería todo o quizá no quería nada. Me gustaba pintar, escribía cuentos y poemas. Pero, ¿era eso una profesión? ¿Se podía decirle en serio a la gente que uno querría dedicarse a pintar o a escribir? ¿No eran más bien pasatiempos de gente desocupada y sin responsabilidad? Todos los demás parecían tan sólidos, instalados en las facultades de medicina o de ingeniería, estudiando la forma de curar una escarlatina o de levantar un puente, que yo mismo me tomaba en broma".
(Ernesto Sábato)




Dividida entre los héroes, las tumbas, las humillaciones, las ofensas.

Hace ya un tiempo considerable, hablaba con él, y comentaba sobre ésta cita. Creo que la única diferencia era que se la mostré un poco más extensa.
Y mientras hacíamos los comentarios respectivos, me acordaba de ésta excelente parte de "Humillados y ofendidos":

"No sé por qué -pensaba ella- lo elogiarán tanto... Un escritor, un poeta... Pero, ¿qué es, después de todo, un escritor?. Lo elogian -pensaba, refiriéndose a mí-. ¿Y por qué?... Lo ignoro. Escritor, poeta... Pero, después de todo, ¿qué es eso de escritor?".

Hace ya un tiempo considerable, alguien me preguntó qué pensaba seguir estudiando. Contesté, agradablemente, que mi inclinación era a las humanidades, a las letras. Como toda respuesta recibí un "ah, escribís". Tan frío como el hielo era el tono de menosprecio en esa pequeña frase. Tenía conocimiento sobre la profesión de mi interlocutor, y le respondí algo que, a sus oídos, resultó no grato. Así fué mi etiqueta: ingrata.
Me quedé pensando mucho. Y, como todo lo que me inquieta, la mayoría de las veces me quita el sueño. Y, sacando conclusiones, pensé esto: que, las personas que se consideran normales, tienen la idea siguiente: que los escritores son personas poco normales que viven en sólo una habitación con un colchón en el piso, y repletos de libros. Como Vania. Y eso sería mi ideal de paraíso.
Ahora, yo le pregunto a esa persona, a ese profesional tan importante, ¿qué considera él como normal? ¿Se considera él como normal? ¿Nos imagina como personas con ocio al por mayor, con responsabilidades nulas? Que los verdaderos escritores disculpen mi insolencia: ya me siento una de ellos.
Alguien, con más ánimo con respecto a mí, me dijo lo siguiente: "¿Para qué escribís? ¿Para tener los papeles (no esperados) archivados en una caja o en una carpeta? Mirá si los físicos, los químicos, los filósofos, los psicólogos y mil personas más no hubieran publicado sus conocimientos. ¿Qué hubiese sido de nosotros?".
Pensaba.
¿Para qué publicar? ¿Para ver que en las librerías del país hay libros de Belén Francese (o como se escriba), de Ileana Calabró que diga cómo hacer tiramisú, del Bambino Veira?. Creo que es el golpe más bajo que puede haber.
Y fueron incontables las veces en las que me cuestioné a mí misma, al igual que la madre de Natascha Apellidoinentendible, preguntándome qué es, después de todo, un escritor.

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