sábado, 31 de octubre de 2009

incorregibles - Por Orlando Barone



No se sabe que Paul Krugman esté al tanto de la leyenda del diario de Yrigoyen.
Pero el Premio Nobel de Economía, de visita en la Argentina, aportó un título periodístico como para incluir en aquel supuesto diario feliz. Dijo:“La crisis para la Argentina ya terminó.
Está, junto a Brasil, en condiciones más óptimas comparativamente”. Andá a engrupir a otra parte “Krug”. Leé, escuchá, enterate. Es que no debe saber nada acerca del país actual. A lo mejor se creyó esos rankings del mundo donde la Argentina aparece en puestos de privilegio en igualdad de género, en libertad de expresión, en expectativas de felicidad cotidiana, etcétera. Aunque los garanticen foros y organizaciones de rango internacional, deben ser mentiras influenciadas desde aquí por el Indec. Además, Krugman no nos conoce. No sabe que Elisa Carrió está predestinada a descarriarse, que Ciro James fue bautizado para espía y que el rabino Bergman ya no quiere parecerse al rabino Marshall Meyer, sino que aspira a obispo castrense. Es que para entender nuestra realidad económica, Krugman tendría que ir al supermercado y comprobar que ya es imposible comprar pulpo cantábrico, centolla del Beagle o trufas de bosque patagónico. Tampoco mira noticieros ni lee los grandes diarios. Y si de casualidad lo hace, seguramente piensa que no se refieren a la Argentina sino a Afganistán o Alto Volta. Y que la demanda de periodistas de cachets suntuarios y malhumorados es sólo una extravagancia del mercado para que defiendan a la gente de la expoliación del Estado.
Por eso, aunque a Krugman le hayan advertido acerca de la orientación del grupo de intelectuales Aurora, si los lee y oye plañir y bramar por el destino negro de la pobre patria, siempre envueltos en sus togas cicerónicas y listos para enarbolar catilinarias, se convencerá de que la libertad de la cual gozan se debe a su coraje temerario. Los “auroreanos” pacíficos fantasean con la idea narcisista de que arriesgan sus vidas. De tan corajudos se contradicen: es que, siendo tan respetuosos de la tradición, la familia y la propiedad descalifican al Gobierno llamándolo “matrimonio”. Y así traicionan moralmente a sus aliados rabínicos y eclesiásticos, que al matrimonio lo consideran sagrado.
Si será que esto es el reinado del fascismo, el totalitarismo, la dictadura y el absolutismo que, de no mediar la vocación libertaria de los multimedios, los líderes opositores no tendrían forma de seguir gritando cómo son censurados y perseguidos. Y los perseguidores deberían reconocer su ineficacia porque tanta persecución, durante tanto tiempo, y no lograr encarcelarlos ni enviarlos a las cámaras de torturas testimonia su fracaso.
El otro día, mientras me estaban cortando el pelo, entra en el salón un señor que, dirigiéndose al peluquero, dijo para que todos lo oyéramos: “Cuando se vayan la Presidenta y la dictadura que tenemos, te traigo una botella de vino para brindar”. Imaginé qué temor a la dictadura tenía el tipo, fanfarroneando su desprecio por el Gobierno sin saber quiénes eran o pensaban los clientes que allí había. ¿Por qué esa ostentación de impunidad social y desaprensiva prepotencia? No parece probable que a la peluquería entre un tipo vivando al Gobierno. No me digan que no hay: que no queda ninguno. O que los que quedan para vivarlo están en sus guaridas y taperas velando las armas de destrucción masiva. Lo que creo es que la actitud del que entró y sentenció al Gobierno en la peluquería es la consecuencia de sentirse aprobado desde los medios. Y legitimado por la sociedad que frecuenta, alimentada voluntaria y entusiastamente por aquéllos.
No es que sean incorregibles; son irreformables. Antípoda de reformable. Lo irreformable no se reforma con ninguna reforma política. Sus oficiantes no están en sus bancas para votar o no votar una ley importante, quieren abolir cualquier ley últimamente sancionada y no asisten a los actos donde la Presidenta hace anuncios que involucran a la clase política. Faltan con aviso, justificadamente. No faltaba más. Tienen la agenda cargada con asistencia perfecta a todos los programas audiovisuales que demandan voces e individuos irreformables.
Krugman además debería leer a Pino Solanas expresarse ante la reforma política. El jueves, sin enfriarse luego del anuncio de la Presidenta, escribió en el diario Critica: “Hoy el PJ y la UCR, corresponsables de estas décadas de honda crisis, vaciamiento, mediocridad y saqueo, buscan unirse para impedir que surja una nueva fuerza (…) Hay un pueblo que está esperando, que está cansado de optar entre Frankenstein o Drácula (…) Alerta argentinos. Impedir que se ejecute esta trampa es responsabilidad de todos”. No sé, tenía la idea de que Pino Solanas era peronista. Al menos me guío por sus películas. Es cierto que la ficción no es la realidad sino una metáfora.
Mejor ficción es la de Julio Cortázar en ese relato ya clásico “La autopista del sur”. No hubo ni hay taller literario donde aspirantes a escritores no lo hayan plagiado o tratado de imitar malamente. Es el caso de Joaquín Morales Solá en La Nación, en su crónica pacifista “Escenas de un piquete bélico en la Panamericana”. Tocado en su fibra literaria por los huelguistas de Kraft-Terrabusi, se inspira: “La marcha de los vehículos, cuando marchan, es la de un hombre cansado, lento. El hastío es lo que más abunda. El calor empieza a apretar. La temperatura en la ruta llega a los 29 grados. ‘¿Quiere un poco de agua. Yo siempre cargo agua cuando viajo a la capital. No sé con qué problema me voy a encontrar’, ofrece una señora que tiene agua y también una vianda para sus inciertos itinerarios por la Ciudad y sus alrededores. ‘Yo comparto el mate’, intercede un camionero, que es la envidia de todos porque está en una atalaya desde donde ve más allá que el resto de los mortales. ‘¿Qué ve desde ahí?’, le preguntamos todos. ‘Decepción: la cola es muy larga y no veo el final. ¿Quieren mate? Ayuda a pasar el tiempo’, insiste”. Autos importados conviven con cascajos de hace tres décadas (…) ‘La culpa es de estos Kirchner, hermano’, empieza a analizar el pobre. ‘Y también de nosotros viejo, que debemos ser el pueblo con más paciencia del mundo’, le contesta el rico. La sociología amenazaba con matar la politología cuando la marcha desigual dejó al pobre detrás del rico”.
¡Ay Cortázar! No rozar tu creatividad literaria en vano. El filósofo Maradona por algo dijo lo que dijo: “Que la sigan chupando”. Para disculparlo ante la FIFA, alegan que estaba bajo los efectos de emoción violenta. También esta crónica. Que, de todos modos, siempre será de menor emoción violenta que la de los “irreformables”. Ese escalón de malhumorados rabiosos, superador de aquel ya remoto “incorregibles” acuñado por Borges. Lo cierto es que por ahora los irreformables están obligados a chupar.

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