viernes, 23 de octubre de 2009

Snob-land

En compañía de mi tía, ayudándola a hacer sus compras en un shopping, entré en una librería. Son esas bien comerciales, no de las que son de mi preferencia, pero me gusta entrar sólo por curiosidad.
Estábamos (como casi siempre, en todo) con los horarios ajustados. Yo sumergida en mirar los libros y mi tía intentando extirparme de ese lugar, vimos una mujer. Era de esas mujeres que salen de esos lugares con una cantidad inexplicable de bolsas de colores llamativos, y que caminan de ese modo del que caminan quienes marchan tirando todo al suelo para que la mucama o el mayordomo siga detrás de ella recogiendo todo.
Ésta mujer se encontró, de casualidad, con quien, supongo, debía ser su amiga, o algo así. Se saludaron con la mayor efusión que pudieron esgrimir, y la dama de mi historia, le decía:
- Vení a cenar ésta noche a casa, vamos a tener champagne a montones.
Se despidieron. Con más efusión con la que se saludaron anteriormente. Nuestra protagonista platinada, como ya me imaginaba yo, comenzó a hablar por su teléfono celular, por supuesto, con ese tono de voz inusualmente alto.

Conclusión uno: la gente que de forma certera toma champagne a montones lo hace de una manera discreta. O no de una manera discreta, pero no lo vocifera en el medio de la librería de un shopping.
Conclusión dos: la gente que de forma certera toma champagne a montones y que tiene una mucama o un mayordomo que vaya recogiendo las bolsas de colores llamativos que van dejando tiradas, no creo que frecuente una librería en un shopping.

Vos, tacháme de prejuiciosa. Y lo más probable es que estés en lo cierto.
No me incluyo en el círculo de personas que piensan que el dinero es malo, sino por el contrario, me gusta/gustaría tener dinero. Sí me incluyo en el círculo de personas que piensan que el snobismo es malo. Me parece un gasto inútil de enegía. Y, creéme, cada vez lo entiendo menos.





MissRM

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