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lunes, 2 de noviembre de 2009

Snob-land II

Salidas que hayan mitigado el snobismo por el que pasé, finalmente, casi no fueron. No las que quería. Sin embargo, hubo algunas más que placenteras.

Fui a una de esas librerías bellísimas y románticas, de las que también visito cuando viajo a Santa Fé. De esas librerías que tienen libros de todo tipo. De esas librerías para lectores con ansias de letras. Y de ahorro.

No hablo de aquellas que tienen estanterías con los libros ordenados por orden alfabético, o por autor, o por temario. Nada de eso. Es de esas librerías que tienen todos los libros en una mezcla que maravilla a cualquiera. Más allá de esa belleza, esto fue lo más importante y lo que más encanto me produjo: el hombre que atendía, calculo de unos cincuenta y cinco años, con un acento español terrible, cuando le pedí “El coleccionista”, de John Fowles, fue a la estantería exacta en donde estaba el libro. No hubo error. No se confundió. No dudó. En un océano de títulos, colores, encuadernaciones fantásticas, él fue al libro exacto.

Salí encantada de ese lugar. Volví al otro día. Quise ponerlo a prueba otra vez. Ahora, con “La niña verde”, de Read. Como el día anterior, sin ni siquiera pensar un segundo en dónde podía estar, caminó hasta una estantería al final del salón. Yo iba detrás de él. Frenó de golpe y, subí la vista, y ahí estaba el libro. Me lo alcanzó, y fui hasta la caja. Cuando estaba por pagar los libros que llevaba, llegó alguien a la caja. Parecía ser alguna especie de amigo, o conocido, planteándole su idea de suicidio. El hombre con el acento español parecía que buscaba evitar su conversación, diciéndole cosas como “bueno, ya pasará todo, sólo es un mal momento por el que estás pasando”, como si eso fuera algo que vaya a molestarme a mí, o a la gente que se encontraba en el lugar. Como si ese hecho puntual fuera a dejar una mala imagen para el comercio en cuestión.

Le consulté por “La náusea”. Creo que le dolió en el alma tener que decirme que no lo tenía.





MissRM

viernes, 23 de octubre de 2009

Snob-land

En compañía de mi tía, ayudándola a hacer sus compras en un shopping, entré en una librería. Son esas bien comerciales, no de las que son de mi preferencia, pero me gusta entrar sólo por curiosidad.
Estábamos (como casi siempre, en todo) con los horarios ajustados. Yo sumergida en mirar los libros y mi tía intentando extirparme de ese lugar, vimos una mujer. Era de esas mujeres que salen de esos lugares con una cantidad inexplicable de bolsas de colores llamativos, y que caminan de ese modo del que caminan quienes marchan tirando todo al suelo para que la mucama o el mayordomo siga detrás de ella recogiendo todo.
Ésta mujer se encontró, de casualidad, con quien, supongo, debía ser su amiga, o algo así. Se saludaron con la mayor efusión que pudieron esgrimir, y la dama de mi historia, le decía:
- Vení a cenar ésta noche a casa, vamos a tener champagne a montones.
Se despidieron. Con más efusión con la que se saludaron anteriormente. Nuestra protagonista platinada, como ya me imaginaba yo, comenzó a hablar por su teléfono celular, por supuesto, con ese tono de voz inusualmente alto.

Conclusión uno: la gente que de forma certera toma champagne a montones lo hace de una manera discreta. O no de una manera discreta, pero no lo vocifera en el medio de la librería de un shopping.
Conclusión dos: la gente que de forma certera toma champagne a montones y que tiene una mucama o un mayordomo que vaya recogiendo las bolsas de colores llamativos que van dejando tiradas, no creo que frecuente una librería en un shopping.

Vos, tacháme de prejuiciosa. Y lo más probable es que estés en lo cierto.
No me incluyo en el círculo de personas que piensan que el dinero es malo, sino por el contrario, me gusta/gustaría tener dinero. Sí me incluyo en el círculo de personas que piensan que el snobismo es malo. Me parece un gasto inútil de enegía. Y, creéme, cada vez lo entiendo menos.





MissRM

martes, 6 de octubre de 2009

"Cuando volví a Buenos Aires aún no tenía idea de lo que habría de estudiar. Quería todo o quizá no quería nada. Me gustaba pintar, escribía cuentos y poemas. Pero, ¿era eso una profesión? ¿Se podía decirle en serio a la gente que uno querría dedicarse a pintar o a escribir? ¿No eran más bien pasatiempos de gente desocupada y sin responsabilidad? Todos los demás parecían tan sólidos, instalados en las facultades de medicina o de ingeniería, estudiando la forma de curar una escarlatina o de levantar un puente, que yo mismo me tomaba en broma".
(Ernesto Sábato)




Dividida entre los héroes, las tumbas, las humillaciones, las ofensas.

Hace ya un tiempo considerable, hablaba con él, y comentaba sobre ésta cita. Creo que la única diferencia era que se la mostré un poco más extensa.
Y mientras hacíamos los comentarios respectivos, me acordaba de ésta excelente parte de "Humillados y ofendidos":

"No sé por qué -pensaba ella- lo elogiarán tanto... Un escritor, un poeta... Pero, ¿qué es, después de todo, un escritor?. Lo elogian -pensaba, refiriéndose a mí-. ¿Y por qué?... Lo ignoro. Escritor, poeta... Pero, después de todo, ¿qué es eso de escritor?".

Hace ya un tiempo considerable, alguien me preguntó qué pensaba seguir estudiando. Contesté, agradablemente, que mi inclinación era a las humanidades, a las letras. Como toda respuesta recibí un "ah, escribís". Tan frío como el hielo era el tono de menosprecio en esa pequeña frase. Tenía conocimiento sobre la profesión de mi interlocutor, y le respondí algo que, a sus oídos, resultó no grato. Así fué mi etiqueta: ingrata.
Me quedé pensando mucho. Y, como todo lo que me inquieta, la mayoría de las veces me quita el sueño. Y, sacando conclusiones, pensé esto: que, las personas que se consideran normales, tienen la idea siguiente: que los escritores son personas poco normales que viven en sólo una habitación con un colchón en el piso, y repletos de libros. Como Vania. Y eso sería mi ideal de paraíso.
Ahora, yo le pregunto a esa persona, a ese profesional tan importante, ¿qué considera él como normal? ¿Se considera él como normal? ¿Nos imagina como personas con ocio al por mayor, con responsabilidades nulas? Que los verdaderos escritores disculpen mi insolencia: ya me siento una de ellos.
Alguien, con más ánimo con respecto a mí, me dijo lo siguiente: "¿Para qué escribís? ¿Para tener los papeles (no esperados) archivados en una caja o en una carpeta? Mirá si los físicos, los químicos, los filósofos, los psicólogos y mil personas más no hubieran publicado sus conocimientos. ¿Qué hubiese sido de nosotros?".
Pensaba.
¿Para qué publicar? ¿Para ver que en las librerías del país hay libros de Belén Francese (o como se escriba), de Ileana Calabró que diga cómo hacer tiramisú, del Bambino Veira?. Creo que es el golpe más bajo que puede haber.
Y fueron incontables las veces en las que me cuestioné a mí misma, al igual que la madre de Natascha Apellidoinentendible, preguntándome qué es, después de todo, un escritor.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Párrafo de "La resistencia" - Ernesto Sábato


Tenemos que reaprender lo que es gozar. Estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras. Un lujo verdadero es un encuentro humano, un momento de silencio ante la creación, el gozo de una obra de arte o de un trabajo bien hecho. Gozos verdaderos son aquellos que embargan el alma de gratitud y nos predisponen al amor. La sabiduría que los muchos años me han traído me enseñaron a reconocer la mayor de las alegrías en la vida que nos inunda, aunque aquélla no es posible si la humanidad soporta sufrimientos atroces y pasa hambre.
Rechazar tus miedos.
Re-conocer tu amor.
Infiltrar tu pasión.
Buscar tus tristezas.
Festejar tus locuras.
Iluminar tus noches.
Presentir tus sueños.
Capturar tu soledad.
Compartir tus fantasías.
Recordar tus palabras.




Antonella

jueves, 17 de septiembre de 2009

Dentro de mí se despereza una mujer.
Tiene un vientre sin estrenar, en el que la sangre aún dibuja caminos.
Exhibe una belleza triste, porque hace mucho tiempo atrás el dolor le rasgó toda la piel. Las uñas se le incrustaron en la soledad hasta desangrarse pero, poco a poco, recuperó sus partes.
Siempre converso con ella en la intimidad, y algunas veces, por las tardes, salimos a que nos dé el sol. Su risa posee una estridencia poderosa y sensual; parece brotarle del pelo, de la cintura, de cualquier parte. Esas caderas han amparado el deseo, se han dejado llevar a aquel lugar en el que el amor estalla de una manera imprevisible.
Generalmente, acostumbra a andar desnuda dentro de mí. Y todos comentan. Pero a ella no le importa. Sus pechos son cálidos; esa mujer tiene una fragilidad de hierro que me protege del miedo.
En los momentos en que está callada toco su boca, que es de la medida exacta que la mía. Se descubre el santuario secreto en donde guarda su deseo. Me revuelco en su alma, festejo ese par de piernas que darán luz a la humanidad que reste.
Despacio acaricio el silencio y, sin querer, me ocurre el milagro de ser ella.




Antonella.

martes, 8 de septiembre de 2009

Reminiscencias de "Rayuela"

"...Y yo te siento temblar contra mí, como una luna en el agua".
(Julio Cortázar)





¿Cómo encerrar hoy, en una letra, un sentimiento?



Para leerse bajito, susurrando, con voz de secreto sumergido...



¡Shh!



Puedo empezar contando lo que me pasó una vez, cuando caminaba, y el abecedario empezaba por E. Esa E que desprendía un susurro, esa boca que esperaba entreabierta. Esperaba un beso. Un beso de esos que le duermen los ojos, para que se ilumine por dentro. Es todo ese mundo externo que se siente exclusivamente con luz de ojos. Y no es cualquier beso. Es aquel que por E empieza. Es ése solo, y sólo ese. Con una música de espaldas de lento atardecer, de freno repentino, de respiración contenida bajo el agua, de imagen detenida, de tiempo ausente, de algo que no es, porque todavía no aconteció. Y entonces, si no sucedió, aún no lleva nombre, porque el tiempo, ¡qué locura!, el tiempo se perdió al no encontrar el laberinto que cruza la luz, en un parpadeo de ojos dormidos. Espera mientras se pasa de E, de E entreabierta y susurrada, con mirada de sol que ilumina adentro; iluminan escamas de luz descompuesta: cuando están abiertos, para encenderse aún más en adentro; cuando están cerrados, minuto tras minuto, tras minuto, tras otro... ¿Seguiremos llamándole así? ¿Minuto?. Se suma o se resta ese algo, que permanece más si se suma, se va abriendo el telón. Y es ahí cuando uno tiene más, uno más, uno más, más... más, porque permanece iluminado más y hay menos de lo otro, porque va de camino al verano y ya no es aquel tiempo de permanencia débil, que sí ocurre cuando se va cerrando, porque va de camino al invierno, y uno tiene menos de eso, pero se aprovecha más, porque se sueña con la época de amor y sal y, en materia de sueños, el tiempo no es dueño.



Quiero pasar un invierno entero con vos, empezando por E.



Parpadeamos en éste invierno, siempre se conforma ese beso, y todo se fué cerrando con un leve y lento susurro, y el telón baja y deja el cartel afuera: "Hibernando. Por favor, no molestar". El sol se mostraba dos minutos menos cada día, y ante esa angustia nos hundimos en un cálido beso. Hibernamos llenos de caricias que mezclan amor y sal. Conocido y abrazado sin llegar nunca al punto de sentido y sobresentido, porque el sueño de invierno es el pasaporte de E, que le entreabre la boca para que pase y se traspase el tiempo dormido en un suspiro.



¡Shh!




La E es de empezar, y de enamorar...







Antonella.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Me sorprende muchísimo ésta tristeza de muñeca rota.
Un mundo acuático palpita dentro de mí.
En mi cuerpo hay grietas por donde se escapan besos.
Los relojes se niegan a detenerse.
Los relojes me obligan a detenerme.
Las manos se diluyen.
Y amo, huyo, encuentro, duelo, extraño, amo
tu perfume tan presente.




Antonella.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Y, el iris, los cambios

La especialidad en las palabras. El azul está en el alma.
Quizás a vos también el azul te cause cielo.
Causas y consecuencias. ¿Seré tu consecuencia? ¿O tu causa?.
Los colores están en mi causa. La noche es mi consecuencia.
Algunas veces, en la noche, me inundan los colores.
Los siento. Me corroen la piel. Les siento texturas.
En la noche, las palabras, mi especialidad, me abren puertas.
Siento todo. Existen colores.
Son míos. Son varias figuras, y me atraen.
Busco entrar, encontrar más causas y, con ellas, más consecuencias.
Te necesito. Te siento. Mi causa es mi existencia.
Viajar por esa entrada a un mundo desconocido:
está formado por todo lo que siento, y justamente por eso es desconocido.
Quizás seamos, ambos por diferentes partes, causas y consecuencias.
Quizás seamos ese cielo que nos dá el azul.



Antonella.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Viajero de La Noche - Maju López


Viajero de la noche
Espía melancólico de senderos y rutinas
Observa a todos y no dice nada. En voz alta,
sabe muy bien que toda acción genera su consecuencia.
Interminable pacto y alianza con la ciudad
que tanto ama y odia; que es tan bella y tan mediocre, tan triste y monocromática,
La ciudad se tiñe de oro y plata, las sendas antes transitadas de polvo y arcilla, son ahora el pavimento que sostiene tus pasos.
Viajero incesante, mirás por encima de tus hombros y atravesás el alma de fantoche.
Vení, vamos que la noche invita, se llena de ruidos y de gente, de calamidades y de historias, de sin razones y amargura.
Pero tu soledad asumida no te engaña, sólo te dejas seducir por un instante.
Se llena y alumbra de ruidos y fantasmas, de gente conocida y extraña que se repite cada mañana y cada noche, mientras los miro por la ventana de mi habitación.
Vamos, quiero ver dónde tus pasos terminan.
No tengas miedo, la ciudad nos envuleve, casi con disimulo, en el vaivén de un mar de personas; que son tan parecidas, tan similares a vos, pero a la vez...
Tu filosofía de antihéroe mella casi peligrosamente con tus ojos, no dejes de ver las mentiras que nos creamos, con la esperanza que nos dejó Pandora, de que por la mañana las cosas sean a veces y no siempre diferentes.


PEOPLE ARE STRANGE