martes, 29 de septiembre de 2009

Humillados y ofendidos - Fédor Dostoievski


Era Natascha recelosa, pero limpia de corazón y recta. Sus recelos procedían de una fuente pura. Era orgullosa, noblemente orgullosa, y no podía sufrir que lo que ella juzgaba superior a todo fuera objeto de burla ante sus propios ojos. Al desprecio de un hombre ruin habría respondido con el mismo desprecio; pero, no obstante, le dolía en el corazón que se burlase de aquello que consideraba sacrosanto, fuese quien fuese el burlón. No era ésto debido a falta de firmeza. Se debía en parte a su harto escaso conocimiento del mundo, a su falta de trato con las gentes, a haberse pasado la vida metida en un rincón. Toda la vida se la había pasado sin apenas salir de su casa. Y, finalmente, esa cualidad de los seres ingenuos, que quizá le hubiese transmitido su padre, de ponderar a una persona, considerarla mejor de lo que es en el fondo y exagerar exaltadamente su parte buena, se había desarrollado en ella hasta un grado violento. A esas criaturas se les hace después muy duro reponerse de su deslumbramiento, y todavía más duro cuando sienten que eres tú quien tienes la culpa. ¿Por qué esperar de nadie más de lo que puede dar?. A tales individuos, a cada instante, les aguarda un desencanto. Lo mejor de todo sería que se estuviesen quietecitos en sus casas y no aportasen por el mundo; y yo he podido observar que, efectivamente, le tienen tal cariño a su rincón, que se vuelven ariscos en él. Por lo demás, Natascha había sufrido muchos sinsabores, muchas afrentas. Era ya una criatura enferma y no se le podía culpar, si es que mis palabras encerraban una inculpación.


Capítulo VI - Humillados y ofendidos - Fédor Dostoievski.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Párrafo de "La resistencia" - Ernesto Sábato


Tenemos que reaprender lo que es gozar. Estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras. Un lujo verdadero es un encuentro humano, un momento de silencio ante la creación, el gozo de una obra de arte o de un trabajo bien hecho. Gozos verdaderos son aquellos que embargan el alma de gratitud y nos predisponen al amor. La sabiduría que los muchos años me han traído me enseñaron a reconocer la mayor de las alegrías en la vida que nos inunda, aunque aquélla no es posible si la humanidad soporta sufrimientos atroces y pasa hambre.
Rechazar tus miedos.
Re-conocer tu amor.
Infiltrar tu pasión.
Buscar tus tristezas.
Festejar tus locuras.
Iluminar tus noches.
Presentir tus sueños.
Capturar tu soledad.
Compartir tus fantasías.
Recordar tus palabras.




Antonella

jueves, 17 de septiembre de 2009

Dentro de mí se despereza una mujer.
Tiene un vientre sin estrenar, en el que la sangre aún dibuja caminos.
Exhibe una belleza triste, porque hace mucho tiempo atrás el dolor le rasgó toda la piel. Las uñas se le incrustaron en la soledad hasta desangrarse pero, poco a poco, recuperó sus partes.
Siempre converso con ella en la intimidad, y algunas veces, por las tardes, salimos a que nos dé el sol. Su risa posee una estridencia poderosa y sensual; parece brotarle del pelo, de la cintura, de cualquier parte. Esas caderas han amparado el deseo, se han dejado llevar a aquel lugar en el que el amor estalla de una manera imprevisible.
Generalmente, acostumbra a andar desnuda dentro de mí. Y todos comentan. Pero a ella no le importa. Sus pechos son cálidos; esa mujer tiene una fragilidad de hierro que me protege del miedo.
En los momentos en que está callada toco su boca, que es de la medida exacta que la mía. Se descubre el santuario secreto en donde guarda su deseo. Me revuelco en su alma, festejo ese par de piernas que darán luz a la humanidad que reste.
Despacio acaricio el silencio y, sin querer, me ocurre el milagro de ser ella.




Antonella.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El rumbo de tus sueños - Enrique Bunbury




Jamás te recuerdo... porque nunca te olvido.
Tu cuerpo fué la guarida favorita de mi cuerpo.
Hay una estela de ausencia, de coincidencia literaria,
de locas armonías, de piel azteca.

Y ahora tengo las arterias llenas de etcéteras,
y un corazón espartano y unas manos
que creen en los milagros.

Pero son tan perezosos, son tan impuntuales.
Como hermosas tus tristezas, como las mías fatales.

Y ahora tengo las arterias llenas de etcéteras,
y un corazón espartano y unas manos
que creen en los milagros.

Al límite de un temblor de conspiración divina,
el rumbo de tus sueños coincide con mis pesadillas.

martes, 8 de septiembre de 2009

Reminiscencias de "Rayuela"

"...Y yo te siento temblar contra mí, como una luna en el agua".
(Julio Cortázar)





¿Cómo encerrar hoy, en una letra, un sentimiento?



Para leerse bajito, susurrando, con voz de secreto sumergido...



¡Shh!



Puedo empezar contando lo que me pasó una vez, cuando caminaba, y el abecedario empezaba por E. Esa E que desprendía un susurro, esa boca que esperaba entreabierta. Esperaba un beso. Un beso de esos que le duermen los ojos, para que se ilumine por dentro. Es todo ese mundo externo que se siente exclusivamente con luz de ojos. Y no es cualquier beso. Es aquel que por E empieza. Es ése solo, y sólo ese. Con una música de espaldas de lento atardecer, de freno repentino, de respiración contenida bajo el agua, de imagen detenida, de tiempo ausente, de algo que no es, porque todavía no aconteció. Y entonces, si no sucedió, aún no lleva nombre, porque el tiempo, ¡qué locura!, el tiempo se perdió al no encontrar el laberinto que cruza la luz, en un parpadeo de ojos dormidos. Espera mientras se pasa de E, de E entreabierta y susurrada, con mirada de sol que ilumina adentro; iluminan escamas de luz descompuesta: cuando están abiertos, para encenderse aún más en adentro; cuando están cerrados, minuto tras minuto, tras minuto, tras otro... ¿Seguiremos llamándole así? ¿Minuto?. Se suma o se resta ese algo, que permanece más si se suma, se va abriendo el telón. Y es ahí cuando uno tiene más, uno más, uno más, más... más, porque permanece iluminado más y hay menos de lo otro, porque va de camino al verano y ya no es aquel tiempo de permanencia débil, que sí ocurre cuando se va cerrando, porque va de camino al invierno, y uno tiene menos de eso, pero se aprovecha más, porque se sueña con la época de amor y sal y, en materia de sueños, el tiempo no es dueño.



Quiero pasar un invierno entero con vos, empezando por E.



Parpadeamos en éste invierno, siempre se conforma ese beso, y todo se fué cerrando con un leve y lento susurro, y el telón baja y deja el cartel afuera: "Hibernando. Por favor, no molestar". El sol se mostraba dos minutos menos cada día, y ante esa angustia nos hundimos en un cálido beso. Hibernamos llenos de caricias que mezclan amor y sal. Conocido y abrazado sin llegar nunca al punto de sentido y sobresentido, porque el sueño de invierno es el pasaporte de E, que le entreabre la boca para que pase y se traspase el tiempo dormido en un suspiro.



¡Shh!




La E es de empezar, y de enamorar...







Antonella.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Me sorprende muchísimo ésta tristeza de muñeca rota.
Un mundo acuático palpita dentro de mí.
En mi cuerpo hay grietas por donde se escapan besos.
Los relojes se niegan a detenerse.
Los relojes me obligan a detenerme.
Las manos se diluyen.
Y amo, huyo, encuentro, duelo, extraño, amo
tu perfume tan presente.




Antonella.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Y, el iris, los cambios

La especialidad en las palabras. El azul está en el alma.
Quizás a vos también el azul te cause cielo.
Causas y consecuencias. ¿Seré tu consecuencia? ¿O tu causa?.
Los colores están en mi causa. La noche es mi consecuencia.
Algunas veces, en la noche, me inundan los colores.
Los siento. Me corroen la piel. Les siento texturas.
En la noche, las palabras, mi especialidad, me abren puertas.
Siento todo. Existen colores.
Son míos. Son varias figuras, y me atraen.
Busco entrar, encontrar más causas y, con ellas, más consecuencias.
Te necesito. Te siento. Mi causa es mi existencia.
Viajar por esa entrada a un mundo desconocido:
está formado por todo lo que siento, y justamente por eso es desconocido.
Quizás seamos, ambos por diferentes partes, causas y consecuencias.
Quizás seamos ese cielo que nos dá el azul.



Antonella.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Viajero de La Noche - Maju López


Viajero de la noche
Espía melancólico de senderos y rutinas
Observa a todos y no dice nada. En voz alta,
sabe muy bien que toda acción genera su consecuencia.
Interminable pacto y alianza con la ciudad
que tanto ama y odia; que es tan bella y tan mediocre, tan triste y monocromática,
La ciudad se tiñe de oro y plata, las sendas antes transitadas de polvo y arcilla, son ahora el pavimento que sostiene tus pasos.
Viajero incesante, mirás por encima de tus hombros y atravesás el alma de fantoche.
Vení, vamos que la noche invita, se llena de ruidos y de gente, de calamidades y de historias, de sin razones y amargura.
Pero tu soledad asumida no te engaña, sólo te dejas seducir por un instante.
Se llena y alumbra de ruidos y fantasmas, de gente conocida y extraña que se repite cada mañana y cada noche, mientras los miro por la ventana de mi habitación.
Vamos, quiero ver dónde tus pasos terminan.
No tengas miedo, la ciudad nos envuleve, casi con disimulo, en el vaivén de un mar de personas; que son tan parecidas, tan similares a vos, pero a la vez...
Tu filosofía de antihéroe mella casi peligrosamente con tus ojos, no dejes de ver las mentiras que nos creamos, con la esperanza que nos dejó Pandora, de que por la mañana las cosas sean a veces y no siempre diferentes.


PEOPLE ARE STRANGE