jueves, 12 de febrero de 2015

Dolor popular



Tengo que guardar un debido respeto al dolor popular. Es justo hacerlo. 
Sin embargo, tengo dos, o tres conflictos con esto. 
En primer lugar, el concepto de dolor popular. No puedo atribuirle a esto un dolor que tiene su raíz en el pueblo. Pero mas que eso, mi conflicto no es con atribuirle el termino "popular", si no con merecerle a esto la palabra de "dolor", del mismo que se siente cuando se va un líder, o una persona que potencialmente ayudo a quienes fueron a despedirlo. Quizá sea porque mi causa no es la misma que la de ellos, eso suele pasar, pero el dolor de esta gente no me llega porque poco tiene que ver con la sed de justicia y verdad, si no mas bien con la necesidad de saciar un odio sin cabeza, desorientado, inyectado en esta gente desde la televisión, "ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco" que tan bien adjetivo Zitarrosa. Me pregunto donde estaría esta gente, o donde esta, cuando nos arrebataron a otros tantos patriotas, tanto de los perros sarnosos que se metían en el barro para que los negros dejaran de ser de mierda, hasta la gente instruida y académica como Favaloro, o con una madre a la que le secuestraron a la hija por trata de blancas. El problema es que ninguno de estos casos enfureció como enfureció a la clase media como lo hizo la muerte del fiscal Nisman. Estoy tratando de pensar por que y se me ocurren varias cosas: para empezar, que la muerte del fiscal Nisman fue fogoneada por los medios como el hecho bisagra de la historia argentina e insistieron que era necesario reclamar justicia, caiga quien caiga, porque el danio institucional que esto había provocado era inconcebible y debía ser reparado con urgencia. El televidente raso, fogoneado también a diario contra "este pais generoso...", amnesico e ignorante, y lo peor de todo, sin conciencia social, enfurecido contra este Estado interventor, el mismo que no los deja comprar dolares, o detiene las cosas en la Aduana, decide que es igualmente importante la muerte del fiscal Nisman porque todos somos Nisman.
Y Dios bendiga a Internet y a las redes sociales... porque si no las tuviéramos para que se viralicen esas luces humanas a las que los medios masivos de comunicación no les dan ni una chance, todos seguiríamos diciendo que somos Charlie sin la vergüenza siquiera de saber pronunciarlo en francés. Porque los medios le piden a la clase media que se identifique con estas cosas, con las que son dignas de identificarse. Nosotros somos como Charlie, como Nisman. Sin embargo, que la clase media no se identifique con los siempre y realmente oprimidos. Como dice Simone de Beauvoir, uno de los beneficios que le asegura la opresión a los opresores, es que el mas humilde de ellos se siente superior. Ella dice que hasta el mas rata de nuestra sociedad va a alegrarse de no identificarse con el negro de mierda, mientras que los mas privilegiados sacan de este ego idiota el mayor beneficio. A esta altura, realmente alguien se come el verso de que a esta gente le importa algo, o siquiera me atrevo a decir, que conocía algo de la causa AMIA? Vamos... Ya puedo ver a todas estas señoras enfervorizadas por allá en 1994, como buenas y constantes militantes, rasgando las puertas de las instituciones en busca de justicia. No me jodan. 
Si me permiten darles un consejo a la clase media que de tanto en cuanto decide militar por las cosas en las que cree, es la constancia. Se supone que queremos un país, o si se quiere, un mundo mas justo y transparente. Muy bien: entonces denle piedra libre al horror, porque este mundo desborda de injusticias. El problema es que hay que hacer algo que yo se que cuesta, pero lo ideal seria dejar de prestar un poco de atención a lo que la tele nos esta marcando que es importante, y ponerse a buscar un poco sobre toda la otra cantidad de cosas que están mal en el mundo todos los días, y no particularmente en el día negro de un atentado. 
Si hay algo que me hace querer arrancarme los pelos, y que a pesar de todo esta sembrado como una condición ineludible para vivir, es la productividad y buenas relaciones que tiene que tener una persona con el sistema. Quiero decir, se pusieron a observar alguna vez en la televisión cuando alguien desaparece o lo asesinan, que los familiares de la victima dicen: "Era un chico trabajador" o "Era un chico que estudiaba". Eso esta perfecto, pero por que es digno de mención en un momento tan agónico? Necesitamos un pase social para merecer la vida? Me hace acordar a ese chiste de Quino cuando a Susanita la echan del cielo por no tener tarjeta de crédito. Lo mismo pasa con estos casos: que es lo que la televisión le dice a la clase media para que una muerte totalmente ajena a sus intereses los saque de sus casillas? Es una genuina sed de justicia? Son espontáneamente anarquicos? Y si es así, donde estaban cuando este país estaba realmente en llamas, cuando el Estado dejaba saldos de muertos no solo baleados en la calle, si no también, muertes lentas por desnutrición, o muertes en vida, cuando la falta de posibilidades arruinaba la moral de otro tanto montón de pibes? 
Entonces, si nos vamos a sentir tristeza nacional, si nos vamos a poner sentimentales porque no nos dejan tener libertad de expresión cuando dibujamos a Mahoma con un pepino metido en el culo... Bueno, tengo malas noticias, porque si te pones a hurgar un poquito, te vas a dar cuenta de que vas a tener que salir a militar todos los dias. 
Finalmente, otro consejo de Zitarrosa, "Mire doña Soledad, póngase un poco a pensar, qué es lo que quieren decir con eso de la libertad".


Por Guadalupe V.

sábado, 24 de agosto de 2013

Lomography











Vesna Rozic. UN ÁNGEL DEJA LA TIERRA...


Vesna Rozic pierde más dura batalla, muere a los 26

La escena del ajedrez se sorprende hoy por la noticia de que dos veces campeón de ajedrez eslovena Vesna Rozic WIM (2260) perdió la batalla con el cáncer y ha fallecido. Rozic era apenas 26 años de edad. La noticia fue reportada por los medios de comunicación eslovenos.

Vesna Rozic nació 23 de marzo 1987 en la capital, Liubliana, Eslovenia. Ella jugó en cuatro ocasiones en el Campeonato de Europa por Equipos Sub-18, en 2001 y 2002 detrás de Ana Srebrnič y en 2003 y 2004 en el primer tablero. Rozic también jugó para Eslovenia en seis copas Mitropa (2005, 2006, 2007, 2009, 2010 y 2012). Eslovenia ganó en 2005 y 2006 y terminó segundo en 2007, 2009, 2010 y 2012. En 2006 Rozic ganó la medalla de oro por su puntuación de 6 º de 9 en la tabla superior. Ella también jugó en Eslovenia a las cuatro Campeonatos de Europa (2005, 2007, 2009 y 2011) y en cuatro Olimpiadas de Ajedrez (2002, 2008, 2010 y 2012).

En Eslovenia, Vesna Rozic jugó Ajedrez Escolar Tomo Zupan Kranj y en la Liga de Mujeres croata que jugó para Zrinski Topolovac. Ella también jugó en las ligas griega y austríaca.

Rozic logra el título WIM en abril de 2006 después de anotar normas en la 14 ª Ljubljana abierto en junio de 2003, en el Campeonato de Europa por Equipos en 2005 en Gotemburgo y en el Campeonato Europeo Sub-18 en 2005 en Herceg Novi. Su último Elo fue 2260 (agosto de 2013), con la que fue segundo por detrás nacido en Ucrania Anna Muzychuk. Rogiz 'calificación más alta fue de 2310 en Julyi 2011. (Fuente: Wikipedia alemán )

jueves, 22 de agosto de 2013

Ada o el Ardor (Vladimir Nabokov)


"Ante el porche acababa de detenerse una victoria. Una señora, que se parecía a la madre de Van, y una muchachita de cabellos oscuros, de unos once o doce años descendían del coche, precedidas por un perrito que se les había escapado ágilmente. Ada llevaba en sus brazos un manojo desordenado de flores silvestres. Iba vestida de blanco, con una chaqueta negra, y llevaba un lazo blanco en sus largos cabellos. Van no la volvió a ver nunca vestida de aquel modo, y cada vez que, en evocación retrospectiva, hacía mención del atuendo, ella replicaba tenazmente que debía haberlo soñado, puesto que en su vida había vestido así, y que nunca se habría colocado una chaqueta oscura en un día tan caluroso. Pero él permaneció siempre aferrado a aquella imagen inicial."

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El Castillo - Franz Kafka.


Precisamente en ese momento Frieda abrió una ventana para ventilar antes de encender la estufa, tal como lo había convenido con K. Inmediatamente, el ayudante se apartó de K., e irresistiblemente  atraído, se deslizó hacia la ventana. Con la cara descompuesta de amabilidad para con el ayudante, y mirando hacia K. con implorante desvalimiento movía un poco desde la ventana la mano levantada – no se podía  siquiera distinguir si era un gesto de rechazo o de salutación-, pero el ayudante no vaciló en seguir acercándose. Entonces Frieda cerró apresuradamente la ventana exterior, pero se quedó detrás de ella, con la mano en el picaporte, la cabeza doblada a un costado, los ojos muy abiertos y rígida sonrisa en los labios. ¿Sabía que de esa forma más atraía que ahuyentaba al ayudante? Pero K.  dejó de mirar atrás, prefirió apurarse y volver rápido.  

martes, 21 de agosto de 2012

Wild Is the Wind


Love me, love me, love me, love me, say you do
Let me fly away with you
For my love is like the wind, and wild is the wind
Wild is the wind
Give me more than one caress, satisfy this hungriness
Let the wind blow through your heart
For wild is the wind, wild is the wind

You touch me, I hear the sound of mandolins
You kiss me
With your kiss my life begins
You're spring to me, all things to me
Don't you know, you're life itself!

Like the leaf clings to the tree,
Oh, my darling, cling to me
For we're like creatures of the wind, wild is the wind
Wild is the wind

You touch me, I hear the sound of mandolins
You kiss me
With your kiss my life begins
You're spring to me, all things to me
Don't you know, you're life itself!

Like the leaf clings to the tree,
Oh, my darling, cling to me
For we're like creatures in the wind, and wild is the wind

Wild is the wind
Wild is the wind
Wild is the wind
Wild is the wind

jueves, 26 de abril de 2012

Algo sobre La Náusea.



"…Lo que lamento de La Náusea es no haberme implicado personalmente por completo. Me mantenía distanciado del dolor de mí héroe, preservado por mi neurosis que, mediante la escritura, me proporcionaba felicidad… Realmente, si en aquel momento hubiese sido más honrado conmigo mismo, habría escrito de nuevo La Náusea. Me faltaba el sentido de la realidad. He cambiado desde entonces. He tenido un lento aprendizaje de lo real. He viste niños muriendo de hambre. Frente a la muerte de un niño, La Náusea pierde su preso".

jueves, 8 de diciembre de 2011

Los Secuestrados de Altona.


Siglos, he aquí a mi siglo, solitario, deforme, el acusado. Mi cliente se destripa con sus propias manos: eso que ustedes toman por linfa blanca, es sangre, no glóbulos rojos, porque el acusado muere de hambre. Pero yo les contaré el secreto de estas múltiples perforaciones: el Siglo hubiera sido bueno si el hombre no hubiera estado acosado por su enemigo cruel, inmemorial, por la especie carnicera que juro su ruina, por la bestia maligna y sin pelos, el hombre. Uno y uno hacen uno, he aquí nuestro misterio. La bestia se ocultaba, sorprendíamos su mirada de pronto en los ojos íntimos de nuestros prójimos: entonces golpeábamos en legítima defensa preventiva. Sorprendí a la bestia, golpeé y un hombre cayó; en sus ojos moribundos vi a la bestia, siempre viva, yo. Uno y uno hacen uno: ¡que malentendido! ¿De quién, de qué, es este gusto insípido en mi garganta? ¿Del hombre? ¿De la bestia? ¿De mí mismo? Es el gusto del Siglo. Siglos felices, vosotros ignoráis nuestros odios como comprenderéis el poder atroz de  nuestros amores mortales. El amor y el odio, uno y uno… ¡Absuélvannos! Mi defendido es el primero en reconocer su vergüenza: él sabe que está desnudo. Bellos hijos, que salís de nosotros,  nuestro dolor los ha hecho. Este Siglo es una mujer que da a luz. , ¿condenaréis a nuestra madre? ¡Responded, entonces! El número treinta no contesta. Tal vez no haya más siglos después del nuestro. Tal vez una bomba apagará sus luces. Todo estará muerto: los ojos, los jueces, el tiempo. La noche, tú que fuiste,  qué serás, qué eres ¡Yo fui! ¡Yo he sido! Yo, Franz von Gerlach, aquí está mí habitación, tomé el  Siglo sobre mis espaldas y le dije: yo responderé. En este día y para siempre. ¿Qué? ¿Qué? ¡Responded!


Jean- Paul Sartre.

jueves, 10 de noviembre de 2011

sábado, 29 de octubre de 2011

David Bowie - Within You.




How you turned my world, you precious thing

You starve and near exhaust me
Everything I've done, I've done for you
I move the stars for no one
You've run so long
You've run so far
Your eyes can be so cruel
Just as I can be so cruel
Though I do believe in you
Yes I do
Live without the sunlight
Love without your heartbeat
I, I can't live within you
I can't live within you
I, I can't live within you


Orgullo y Prejuicio - Capítulo lV


Las señoras de Longbourn no tardaron en ir a visitar a las de Netherfield, y éstas devolvieron la visita como es costumbre. El encanto de la señorita Bennet aumentó la estima que la señora Hurst y la señorita Bingley sentían por ella; y aunque encon­traron que la madre era intolerable y que no valía la pena dirigir la palabra a las hermanas menores, expre­saron el deseo de profundizar las relaciones con ellas en atención a las dos mayores. Esta atención fue recibida por Jane con agrado, pero Elizabeth seguía viendo arrogancia en su trato con todo el mundo, exceptuando, con reparos, a su hermana; no podían gustarle. Aunque valoraba su amabilidad con Jane, sabía que probablemente se debía a la influencia de la admiración que el hermano sentía por ella. Era eviden­te, dondequiera que se encontrasen, que Bingley admi­raba a Jane; y para Elizabeth también era evidente que en su hermana aumentaba la inclinación que desde el principio sintió por él, lo que la predisponía a enamo­rarse de él; pero se daba cuenta, con gran satisfacción, de que la gente no podría notarlo, puesto que Jane uniría a la fuerza de sus sentimientos moderación y una constante jovialidad, que ahuyentaría las sospe­chas de los impertinentes. Así se lo comentó a su amiga, la señorita Lucas.
––Tal vez sea mejor en este caso ––replicó Charlot­te–– poder escapar a la curiosidad de la gente; pero a veces es malo ser tan reservada. Si una mujer disimula su afecto al objeto del mismo, puede perder la oportu­nidad de conquistarle; y entonces es un pobre consue­lo pensar que los demás están en la misma ignorancia. Hay tanto de gratitud y vanidad en casi todos, los cariños, que no es nada conveniente dejarlos a la deriva. Normalmente todos empezamos por una ligera preferencia, y eso sí puede ser simplemente porque sí, sin motivo; pero hay muy pocos que tengan tanto corazón como para enamorarse sin haber sido estimu­lados. En nueve de cada diez casos, una mujer debe mostrar más cariño del que siente. A Bingley le gusta tu hermana, indudablemente; pero si ella no le ayuda, la cosa no pasará de ahí.
––Ella le ayuda tanto como se lo permite su forma de ser. Si yo puedo notar su cariño hacia él, él, desde luego, sería tonto si no lo descubriese.
––Recuerda, Eliza, que él no conoce el carácter de Jane como tú.
––Pero si una mujer está interesada por un hombre y no trata de ocultarlo, él tendrá que acabar por descubrirlo.
––Tal vez sí, si él la ve lo bastante. Pero aunque Bingley y Jane están juntos a menudo, nunca es por mucho tiempo; y además como sólo se ven en fiestas con mucha gente, no pueden hablar a solas. Así que Jane debería aprovechar al máximo cada minuto en el que pueda llamar su atención. Y cuando lo tenga seguro, ya tendrá tiempo––para enamorarse de él todo lo que quiera.
––Tu plan es bueno ––contestó Elizabeth––, cuan­do la cuestión se trata sólo de casarse bien; y si yo estuviese decidida a conseguir un marido rico, o cual­quier marido, casi puedo decir que lo llevaría a cabo. Pero esos no son los sentimientos de Jane, ella no actúa con premeditación. Todavía no puede estar segura de hasta qué punto le gusta, ni el porqué. Sólo hace quince días que le conoce. Bailó cuatro veces con él en Meryton; le vio una mañana en su casa, y desde entonces ha cenado en su compañía cuatro veces. Esto no es suficiente para que ella conozca su carácter.
––No tal y como tú lo planteas. Si solamente hubiese cenado con él no habría descubierto otra cosa que si tiene buen apetito o no; pero no debes olvidar que pasaron cuatro veladas juntos; y cuatro veladas pueden significar bastante.
––Sí; en esas cuatro veladas lo único que pudieron hacer es averiguar qué clase de bailes les gustaba a cada uno, pero no creo que hayan podido descubrir las cosas realmente importantes de su carácter.
––Bueno ––dijo Charlotte––. Deseo de todo cora­zón que a Jane le salgan las cosas bien; y si se casase con él mañana, creo que tendría más posibilidades de ser feliz que si se dedica a estudiar su carácter durante doce meses. La felicidad en el matrimonio es sólo cuestión de suerte. El que una pareja crea que son iguales o se conozcan bien de antemano, no les va a traer la felicidad en absoluto. Las diferencias se van acentuando cada vez más hasta hacerse insoportables; siempre es mejor saber lo menos posible de la persona con la que vas a compartir tu vida.
––Me haces reír, Charlotte; no tiene sentido. Sabes que no tiene sentido; además tú nunca actuarías de esa forma.
Ocupada en observar las atenciones de Bingley para con su hermana, Elizabeth estaba lejos de sospechar que también estaba siendo objeto de interés a los ojos del amigo de Bingley. Al principio, el señor Darcy apenas se dignó admitir que era bonita; no había demostrado ninguna admiración por ella en el baile; y la siguiente vez que se vieron, él sólo se fijó en ella para criticarla. Pero tan pronto como dejó claro ante sí mismo y ante sus amigos que los rasgos de su cara apenas le gustaban, empezó a darse cuenta de que la bella expresión de sus ojos oscuros le daban un aire de extraordinaria inteligencia. A este descubrimiento si­guieron otros igualmente mortificantes. Aunque detec­tó con ojo crítico más de un fallo en la perfecta simetría de sus formas, tuvo que reconocer que su figura era grácil y esbelta; y a pesar de que afirmaba que sus maneras no eran las de la gente refinada, se sentía atraído por su naturalidad y alegría. De este asunto  ella no tenía  la más remota idea.  Para ella  Darcy era  el  hombre que  se hacía   antipático donde­quiera que fuese y el hombre que no la había conside­rado lo bastante hermosa como para sacarla a bailar.
Darcy empezó a querer conocerla mejor. Como paso previo para hablar con ella, se dedicó a escucharla hablar con los demás. Este hecho llamó la atención de Elizabeth. Ocurrió un día en casa de sir Lucas donde se había reunido un amplio grupo de gente.
––¿Qué querrá el señor Darcy ––le dijo ella a Charlotte––, que ha estado escuchando mi  conversa­ción con el coronel Forster?
––Ésa es una pregunta que sólo el señor Darcy puede contestar.
––Si lo vuelve a hacer le daré a entender que sé lo que pretende. Es muy satírico, y si no empiezo siendo impertinente yo, acabaré por tenerle miedo.
Poco después se les volvió a acercar, y aunque no parecía tener intención de hablar, la señorita Lucas desafió a su amiga para que le mencionase el tema, lo que inmediatamente provocó a Elizabeth, que se vol­vió a él y le dijo:
––¿No cree usted, señor Darcy, que me expresé muy bien hace un momento, cuando le insistía al co­ronel Forster para que nos diese un baile en Meryton?
––Con gran energía; pero ése es un tema que siem­pre llena de energía a las mujeres.
––Es usted severo con nosotras.
––Ahora nos toca insistirte a ti ––dijo la señorita Lu­cas––. Voy a abrir el piano y ya sabes lo que sigue, Eliza.
––¿Qué clase de amiga eres? Siempre quieres que cante y que toque delante de todo el mundo. Si me hubiese llamado Dios por el camino de la música, serías una amiga de incalculable valor; pero como no es así, preferiría no tocar delante de gente que debe estar acostumbrada a escuchar a los mejores músicos ––pero como la señorita Lucas insistía, añadió––: Muy bien, si así debe ser será ––y mirando fríamente a Darcy dijo––: Hay un viejo refrán que aquí todo el mundo conoce muy bien, «guárdate el aire para enfriar la sopa» , y yo lo guardaré para mi canción.
El concierto de Elizabeth fue agradable, pero no extraordinario. Después de una o dos canciones y antes de que pudiese complacer las peticiones de al­gunos que querían que cantase otra vez, fue reemplazada al piano por su hermana Mary, que como era la menos brillante de la familia, trabajaba duramente para adquirir conocimientos y habilidades que siempre esta­ba impaciente por demostrar.
Mary no tenía ni talento ni gusto; y aunque la vanidad la había hecho aplicada, también le había dado un aire pedante y modales afectados que deslucirían cualquier brillantez superior a la que ella había alcan­zado. A Elizabeth, aunque había tocado la mitad de bien, la habían escuchado con más agrado por su soltura y sencillez; Mary, al final de su largo concierto, no obtuvo más que unos cuantos elogios por las melodías escocesas e irlandesas que había tocado a ruegos de sus hermanas menores que, con alguna de las Lucas y dos o tres oficiales, bailaban alegremente en un extremo del salón.
Darcy, a quien indignaba aquel modo de pasar la velada, estaba callado y sin humor para hablar; se hallaba tan embebido en sus propios pensamientos que no se fijó en que sir William Lucas estaba a su lado, hasta que éste se dirigió a él.
––¡Qué encantadora diversión para la juventud, señor Darcy! Mirándolo bien, no hay nada como el baile. Lo considero como uno de los mejores refina­mientos de las sociedades más distinguidas.
––Ciertamente, señor, y también tiene la ventaja de estar de moda entre las sociedades menos distinguidas del mundo; todos los salvajes bailan.
Sir William esbozó una sonrisa.
––Su amigo baila maravillosamente ––continuó des­pués de una pausa al ver a Bingley unirse al grupo–– y no dudo, señor Darcy, que usted mismo sea un exper­to en la materia.
––Me vio bailar en Meryton, creo, señor.
––Desde luego que sí, y me causó un gran placer verle. ¿Baila usted a menudo en Saint James?
––Nunca, señor.
¿No cree que sería un cumplido para con ese lugar?
––Es un cumplido que nunca concedo en ningún lugar, si puedo evitarlo.
––Creo que tiene una casa en la capital. El señor Darcy asintió con la cabeza.
––Pensé algunas veces en fijar mi residencia en la ciudad, porque me encanta la alta sociedad; pero no estaba seguro de que el aire de Londres le sentase bien a lady Lucas.
Sir William hizo una pausa con la esperanza de una respuesta, pero su compañía no estaba dispuesto a hacer ninguna. Al ver que Elizabeth se les acercaba, se le ocurrió hacer algo que le pareció muy galante de su parte y la llamó.
––Mi querida señorita Eliza, ¿por qué no está bai­lando? Señor Darcy, permítame que le presente a esta joven que puede ser una excelente pareja. Estoy segu­ro de que no puede negarse a bailar cuando tiene ante usted tanta belleza.
Tomó a Elizabeth de la mano con la intención de pasársela a Darcy; quien, aunque extremadamente sorprendido, no iba a rechazarla; pero Elizabeth le volvió la espalda y le dijo a sir William un tanto desconcertada:
––De veras, señor, no tenía la menor intención de bailar. Le ruego que no suponga que he venido hasta aquí para buscar pareja.
El señor Darcy, con toda corrección le pidió que le concediese el honor de bailar con él, pero fue en vano. Elizabeth estaba decidida, y ni siquiera sir William, con todos sus argumentos, pudo persuadirla.
––Usted es excelente en el baile, señorita Eliza, y es muy cruel por su parte negarme la satisfacción de verla; y aunque a este caballero no le guste este entretenimiento, estoy seguro de que no tendría incon­veniente en complacernos durante media hora.
––El señor Darcy es muy educado ––dijo Elizabeth sonriendo.
––Lo es, en efecto; pero considerando lo que le induce, querida Eliza, no podemos dudar de su corte­sía; porque, ¿quién podría rechazar una pareja tan encantadora?
Elizabeth les miró con coquetería y se retiró. Su resistencia no le había perjudicado nada a los ojos del caballero, que estaba pensando en ella con satisfacción cuando fue abordado por la señorita Bingley.
––Adivino por qué está tan pensativo.
––Creo que no.
––Está pensando en lo insoportable que le sería pasar más veladas de esta forma, en una sociedad como ésta; y por supuesto, soy de su misma opinión. Nunca he estado más enojada. ¡Qué gente tan insípida y qué alboroto arman! Con lo insignificantes que son y qué importancia se dan. Daría algo por oír sus críticas sobre ellos.
––Sus conjeturas son totalmente equivocadas. Mi mente estaba ocupada en cosas más agradables. Estaba meditando sobre el gran placer que pueden causar un par de ojos bonitos en el rostro de una mujer her­mosa.
La señorita Bingley le miró fijamente deseando que le dijese qué dama había inspirado tales pensamientos. El señor Darcy, intrépido, contestó:
––La señorita Elizabeth Bennet.
––¡La señorita Bennet! Me deja atónita. ¿Desde cuándo es su favorita? Y dígame, ¿cuándo tendré que darle la enhorabuena?
––Ésa es exactamente la pregunta que esperaba que me hiciese. La imaginación de una dama va muy rápido y salta de la admiración al amor y del amor al matrimonio en un momento. Sabía que me daría la enhorabuena.
––Si lo toma tan en serio, creeré que es ya cosa hecha. Tendrá usted una suegra encantadora, de veras, y ni que decir tiene que estará siempre en Pemberley con ustedes.
Él la escuchaba con perfecta indiferencia, mientras ella seguía disfrutando con las cosas que le decía; y al ver, por la actitud de Darcy, que todo estaba a salvo, dejó correr su ingenio durante largo tiempo.

(Jane Austen)

domingo, 23 de octubre de 2011

The White Birds



I WOULD that we were, my beloved, white birds on the foam of the sea!
We tire of the flame of the meteor, before it can fade and flee;
And the flame of the blue star of twilight, hung low on the rim of the sky,
Has awakened in our hearts, my beloved, a sadness that may not die.
 
A weariness comes from those dreamers, dew-dabbled, the lily and rose;
Ah, dream not of them, my beloved, the flame of the meteor that goes,
Or the flame of the blue star that lingers hung low in the fall of the dew:
For I would we were changed to white birds on the wandering foam: I and you!
 
I am haunted by numberless islands, and many a Danaan shore,
Where Time would surely forget us, and Sorrow come near us no more;
Soon far from the rose and the lily, and fret of the flames would we be,
Were we only white birds, my beloved, buoyed out on the foam of the sea!

(William Butler Yeats) 

miércoles, 12 de octubre de 2011

Sobre héroes y tumbas - Ernesto Sabato.


Alejandra prendió un calentador de alcohol y se puso a hacer café. Mientras
se calentaba el agua puso un disco.
—Escucha —dijo, abstrayéndose y mirando al techo mientras chupaba su cigarrillo.
Se oyó una música patética y tumultuosa.
Luego, bruscamente, quitó el disco.
—Bah —dijo—, ahora no la puedo oír.
Siguió preparando el café.
—Cuando lo estrenaron, Brahms mismo tocaba el piano. ¿Sabes lo que pasó?
—No.
—Lo silbaron. ¿Te das cuenta lo que es la humanidad?
—Bueno, quizá...
—¡Cómo, quizá! —gritó Alejandra—, ¿acaso crees que la humanidad 
no es una pura chanchada?
—Pero este músico también es la humanidad...
—Mira, Martín —comentó mientras echaba el café en la taza—, ésos son
los que sufren por el resto. Y el resto son nada más que hinchapelotas, hijos de puta o cretinos, ¿sabes?
Trajo el café.
Se sentó en el borde de la cama y se quedó pensativa. Luego volvió a poner
el disco un minuto:
—Oí, oí lo que es esto.
Nuevamente se oyeron los compases del primer movimiento.
—¿Te das cuenta, Martín, la cantidad de sufrimiento que ha tenido que 
producirse en el mundo para que haya hecho música así?
Mientras quitaba el disco, comentó:
—Bárbaro.
Se quedó pensativa, terminando su café. Luego puso el pocillo en el suelo.

jueves, 11 de agosto de 2011

Sylvia Plath



EL COLOSO

Nunca podré reunirte íntegramente,
juntar, pegar, articular como corresponde
Rebuznos de mula, gruñidos de cerdo, obscenos graznidos
provienen de tus grandes labios.
Peor que en un corral.

Quizá te consideres un oráculo,
portavoz de los muertos o de algún dios
Yo llevo treinta años esforzándome
por limpiar de fango tu garganta
y no he aprendido nada.

Trepando escaleritas con frascos de engrudo y baldes de lisol
me arrastro como una hormiga enlutada
por los campos cubiertos de maleza de tus cejas
para reparar tu inmenso cráneo y desbrozar
los descarnados, blancos túmulos de tus ojos.

Un firmamento azul de otra Orestíada
se cierne sobre nosotros. Oh padre, tú solo
eres una referencia histórica tan importante como el Foro Romano.
Aquí meriando, en una colina de seres siniestros.
las columnas de tus huesos y el acanto de tus cabellos vuelven
a su antigua anarquía esparciéndose hasta el horizonte.

Se necesita más que un rayo
para crear tanta ruina.
Algunas noches me acurruco en la cornucopia
de tu oreja, a salvo del viento,

y cuento estrellas rojas y estrellas color ciruela.
Sale el sol bajo el pilar de tu lengua.
Mis horas se desposan con la sombra.
Ya no escucho más el roce de la quilla
contra las sordas piedras del embarcadero.

DANZAS NOCTURNAS

Una sonrisa tuya cae en la hierba
y se pierde para siempre.

¿Y dónde se extraviarán
tus danzas nocturnas? ¿En las matemáticas?

Saltos y espirales tan puros-
sin duda recorren

eternamente el mundo, y no me quedaré
despojada de belleza: el don

de tu pequeña vida, tu olor
a pasto mojado cuando duermes, azucenas, azucenas

que no pueden compararse con tu carne.
La cala, los fríos pliegues de su ego,

y el lirio, embelleciéndose a sí mismo-
manchas, y un despliegue de pétalos ardientes.

Los cometas
tienen que atravesar tanto espacio,

tanta frialdad, tanto olvido.
Así se desvanecen sus gestos-

cálidos y humanos, y luego su luz rosada
sangrando y desollándose

a través de las amnesias negras del cielo.
Por qué me son otorgadas

estas lámparas, estos planetas
que caen como bendiciones, como copos de nieve

hexagonales, blancos
sobre mis ojos, mis labios, mis cabellos

rozándome y fundiéndose.
En ninguna parte.


Lady Lazarus

Lo logré otra vez,
Me las arreglo —
Una vez cada diez años.
Especie de fantasmal milagro, mi piel
Brillante como una pantalla nazi,
Mi diestro pie
Es un pisapapel,
Mi rostro un fino lienzo
Judío y sin rasgos.
Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso? —
¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.
Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí
Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.
Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.
Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.
Cómo me desenvuelven la mano, el pie —
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.
Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.
Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.
La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.
Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas/
Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.
Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo
Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:
'Milagro!'
Que me liquida.
Luego una carga a fondo
Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón –
De verdad sigue latiendo.
Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre
O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien HerrDoktor.
Bien. Herr Enemigo.
Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebe de oro puro
Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.
Ceniza, ceniza —
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda 00
Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.
Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.
Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.


LA LUNA Y EL TEJO

Esta es la luz de la mente, fría y planetaria.
Los árboles de la mente son negros. La luz es azul.
Las hierbas se lamentan a mis pies, como si yo fuera Dios,
hiriendo mis tobillos murmuran su humildad.
Espirituosas brumas humeantes habitan este lugar
separado de mi casa por una hilera de lápidas.
Simplemente no puedo ver si hay un sitio adónde ir.

La luna no es una puerta. Es una cara por derecho propio,
blanca como un nudillo y terriblemente turbada.
Arrastra al mar detrás de sí, como un crimen oscuro;
y está en calma
con el bostezo en O del total desencanto. Yo vivo aquí.
Dos veces cada domingo las campanas sobresaltan el cielo-
ocho grandes lenguas afirmando la Resurrección.
Finalmente, ellas proclaman con sobriedad sus nombres.

El tejo apunta hacia arriba. Su forma es gótica.
Sus ojos se elevan por sobre él, y encuentran a la luna.
La luna es mi madre. Ella no es dulce como María.
Sus vestiduras azules sueltan pequeños murciélagos y lechuzas.
Cómo desearía creer en la ternura-
el rostro de la efigie, dulcificado por las velas,
inclinándose, sobre mí en particular, con ojos indulgentes.

¡He caído tanto! Las nubes están floreciendo,
azules y místicas sobre el rostro de las estrellas.
Dentro de la iglesia, los santos serán todos azules,
flotando con sus pies delicados sobre los bancos fríos,
sus cabezas y sus caras rígidas de santidad.
La luna no ve nada de esto. Ella es calva y salvaje.
Y el mensaje del tejo es negrura -negrura y silencio.



AMAPOLAS EN JULIO

Pequeñas amapolas, llamitas infernales,
¿es que daño no hacéis?

Se apagan y reviven. No puedo tocarlas.
En su fuego pongo las manos. Nada se incendia.

Contemplarlas me consume
Llameando así, su rojo ajado y brillante como piel
de alguna boca.

Una boca recién ensangrentada
pequeñas faldas sangrientas!

Hay efluvios que no puedo asir.
¿ Dónde están tus opios, tus asquerosas cápsulas?

¡Si pudiera desangrarme y dormir! -
¡ Si pudiera mi boca unir a una herida así!

Oh, vuestros líquidos rezuman en mí, cápsula de vidrio
Apagándose y aquietándose.

Mas, sin color, sin color. Descoloridamente.



HOMBRE DE NEGRO

Reciben el ímpetu
Y se amamantan de la mar gris

A la izquierda y la ola
Abre su puño contra el elevado
Promontorio alambrado de púas

De la prisión de Deer Island
Con sus cuidados criaderos,
Corrales y pastos de ganado

A la derecha, el hielo de marzo
Abrillanta aún los pocitos en las peñas,
Acantilados de arenas penetrantes

Se levantan de un gran banco de piedra
Y tú, contra esas blancas piedras
Caminabas en tu ófrica chaqueta

Negra, negros zapatos, cabello negro
Te detuviste allí,
Detenido vértice

En la punta lejana,
Afianzando piedras, aire,
Todo ello, al unísono.



DADDY

Ya no me quedas no me calzas más
zapato negro, nunca más.
Allí dentro vivía como un pie
durante treintaitantos años, pobre y blanca,
sin atreverme a respirar ni decir achú.

Papacito he tenido que liquidarte.
Estabas muerto antes de que hubiese tenido tiempo
Pesado como mármol, talega llena de Dios,
estatua lúgubre una sola pezuña parda
Grande como un sello de San Francisco.

Una sola cabeza sobre el caprichoso Atlántico
Donde derrama granos verdes sobre el azul
Aguas afuera de la hermosa Nauset.
Me acostumbré a rezar para que volvieras.
Ach, du.

En la lengua alemana, en el pueblo polaco,
Raídos, nivelados por la aplanadora
De las guerras, las guerras, las guerras.
Pero el nombre del pueblo no es extraño.
Dice mi amigo el polaco.

Que hay más de una docena
De modo que no puedo acertar dónde
Tú pusiste la planta, tu raíz,
Yo nunca pude hablarte
Se me pegaba la lengua al paladar.

Se trabó en una trampa alambrada de púas
Ich, ich, yo, yo.
Apenas si podía hablar,
Creía que todo alemán eras tú
Y el obsceno lenguaje

Una máquina, era una máquina
Insultándome como a una judía.
Otro judío a Dachau, Auschwitz, Belsen.
Como judía empecé a hablar
Y pienso que muy bien judía puedo ser.

Las nieves del Tirol, la cerveza de Viena
No son tan puras ni tan auténticas.
Con mi linaje gitano y mi extraña suerte
Y mi mazo de Tarot, mis cartas de Tarot
Muy bien puedo ser algo judía.

Siempre te he tenido a ti
Con tu Luftwaffe, con tu glugluglú,
Y tu recortado bigote
Y tu ojo ario, azul celeste.
Hombre-panzer. Oh, tú...

No Dios, sino una esvástica
Tan negra que ningún cielo podría cernirse.
Toda mujer adora a un fascista,
la bota en la cara, el brutal
brutal corazón de una bestia como tú.

De pie estás en la pizarra, papi,
En la fotografía que tengo de ti,
Una hendidura en la barbilla
En vez de en tu pie.
Pero no menos demonio por eso, no,
No menos que el hombre de negro.

Que puso freno a mi lindo y rojo corazón
Tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte intenté morir
Y regresé, regresé a ti
Pensé que hasta mis huesos volverían también.

Pero me sacaron de la talega
Y me reconstruyeron con goma.
Y entonces supe qué hacer.
Hice un modelo de ti.
Un hombre de negro con aire de Meinkampf.

Amante del tormento y la deformación
Yo dije sí, sí quiero.
Así, papito, he terminado al fin.
El teléfono se arrancó de raíz,
Las voces ya no pueden carcomerme más.


He matado a un hombre, he matado a dos
Al vampiro que dijo ser tú
Y bebió de mi sangre todo un año,
Siete años si quieres enterarte,
Papito, puedes descansar en paz ahora.

Hay una estaca en tu negro, burdo corazón,
A los aldeanos nunca les gustaste.
Están bailando y zapateando sobre ti,
siempre supieron que eras tú
Papito, papito: escúchame bastardo, acabada estoy.

CANCIÓN DE AMOR DE LA JOVEN LOCA


" Cierro los ojos y el mundo muere;
Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).

Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.

Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).

Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
Escapan serafines y soldados de satán:
Cierro los ojos y el mundo muere.

Imaginé que volverías como dijiste,
Pero crecí y olvidé tu nombre.< mente). mi en inventé te que>

Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente). "

LÍMITE


La mujer alcanzó la perfección.
Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización,
la apariencia de una necesidad griega
fluye por los pergaminos de su toga,
sus pies desnudos parecen decir,
hasta aquí hemos llegado, se acabó.
Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes,
uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía.
Ella los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo;
así los pétalos de una rosa cerrada,
cuando el jardín se envara
y los olores sangran de las dulces gargantas
profundas de la flor de la noche.
La luna no tiene por qué entristecerse,
mirando con fijeza desde su capucha de hueso.
Está acostumbrada a este tipo de cosas.
Sus negros crepitan y se arrastran.