jueves, 8 de diciembre de 2011

Los Secuestrados de Altona.


Siglos, he aquí a mi siglo, solitario, deforme, el acusado. Mi cliente se destripa con sus propias manos: eso que ustedes toman por linfa blanca, es sangre, no glóbulos rojos, porque el acusado muere de hambre. Pero yo les contaré el secreto de estas múltiples perforaciones: el Siglo hubiera sido bueno si el hombre no hubiera estado acosado por su enemigo cruel, inmemorial, por la especie carnicera que juro su ruina, por la bestia maligna y sin pelos, el hombre. Uno y uno hacen uno, he aquí nuestro misterio. La bestia se ocultaba, sorprendíamos su mirada de pronto en los ojos íntimos de nuestros prójimos: entonces golpeábamos en legítima defensa preventiva. Sorprendí a la bestia, golpeé y un hombre cayó; en sus ojos moribundos vi a la bestia, siempre viva, yo. Uno y uno hacen uno: ¡que malentendido! ¿De quién, de qué, es este gusto insípido en mi garganta? ¿Del hombre? ¿De la bestia? ¿De mí mismo? Es el gusto del Siglo. Siglos felices, vosotros ignoráis nuestros odios como comprenderéis el poder atroz de  nuestros amores mortales. El amor y el odio, uno y uno… ¡Absuélvannos! Mi defendido es el primero en reconocer su vergüenza: él sabe que está desnudo. Bellos hijos, que salís de nosotros,  nuestro dolor los ha hecho. Este Siglo es una mujer que da a luz. , ¿condenaréis a nuestra madre? ¡Responded, entonces! El número treinta no contesta. Tal vez no haya más siglos después del nuestro. Tal vez una bomba apagará sus luces. Todo estará muerto: los ojos, los jueces, el tiempo. La noche, tú que fuiste,  qué serás, qué eres ¡Yo fui! ¡Yo he sido! Yo, Franz von Gerlach, aquí está mí habitación, tomé el  Siglo sobre mis espaldas y le dije: yo responderé. En este día y para siempre. ¿Qué? ¿Qué? ¡Responded!


Jean- Paul Sartre.

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