domingo, 26 de septiembre de 2010

Yo Soy. (Reinaldo Arenas)

Yo Soy.




Yo soy, ese niño de cara redonda y sucia
que en cada esquina los molesta con su:
“¿me da usted un peso?”



Yo soy, ese niño de cara sucia
sin duda inoportuno
que de lejos contempla los carruajes
donde otros niños meten risas
y saltos considerables



Yo soy, ese niño desagradable
sin duda inoportuno
de cara redonda y sucia
que ante los grandes faroles
o bajo las grandes damas tan bien iluminadas
o ante las niñas que parecen levitar
proyecta un insulto de su cara redonda y sucia



Yo soy, ese airado y solo niño de siempre
que os lanza el insulto del airado niño de siempre
y os advierte:
Si hipócritamente me acariciáis la cabeza
aprovecharé la ocasión para levantaros la cartera


Yo soy ese niño de siempre
ante el panorama del inminente espanto,
de la inminente lepra, del inminente piojo
del delito o del crimen inminentes



Yo soy ese niño repulsivo
que improvisa una cama con cartones viejos
y espera, seguro, que venga usted a hacerle compañía.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

[L'amour, del disco Freakshow de Enrique Bunbury]

L'amour


El niño tiene hambre, la mamá se ha ido ya.

Lo han abandonado por un tipo del bajo mar.

El niño llora y llora. La mamá, ¿dónde estará?

Flirteando en Ibiza con algún alemán.

Parece que yo, yo hago del amor

algo caprichoso e inmoral respecto a ti.

Sólo soy un cuentacuentos,

y ahora estoy triste y mal.

El niño ya es un hombre,

ha sobrevivido a la gravedad,

la ironía de la física,

enemiga de la sinceridad.

El amor distrae, el amor confunde.

Ay, ¿qué coño es el amor?

Esas parejas que se besan y se tocan… ¡absenta!

Parece que yo, yo hago del amor

algo caprichoso e inmoral respecto a ti.

Sólo soy un cuentacuentos,

y ahora estoy triste y mal.

El hombre ya es grande, odia a los poetas como yo,

que mueven los hilos de las vidas, l’amour…

Ay, l’amour… Cogéis un lápiz y os creéis fantásticos.

¡Yo también sé decir cosas! ¡Yo también soy maravillosa!

L’amour…

¿Quién habla de les gallines

que vuelan por la vida de los soñadores?

¿Las colegialas, que estudian con faldas

los fallos de la humanidad?




jueves, 2 de septiembre de 2010

CUANDO NACIÓ MI TRISTEZA (Gibrán Khalil Gibrán)


Cuando nació mi Tristeza, le prodigué mil cuidados, y la vigilé con amorosa ternura.
Y mi Tristeza creció como todos los seres vivientes, fuerte y hermosa y llena de maravillosas gracias.
Y mi tristeza y yo nos amábamos, y amábamos al mundo que nos rodeaba. Pues mi Tristeza era de corazón bondadoso, y el mío también era amable cuando estaba lleno de Tristeza.
Y cuando hablábamos, mi Tristeza y yo, nuestros días eran alados y nuestras noches estaban engalanadas de sueños; porque mi Tristeza era elocuente, y mi lengua también era elocuente con la Tristeza.
Y cuando mi Tristeza y yo cantábamos juntos, nuestros vecinos sentábanse a la ventana a escucharnos; pues nuestros cantos eran profundos como el mar, y nuestras melodías estaban impregnadas de extraños recuerdos.
Y cuando caminábamos juntos, mi tristeza y yo, la gente nos miraba con amables ojos, y cuchicheaba con extremada dulzura. Y también había quien nos envidiara, pues mi Triste za era un ser noble, y yo me sentía orgulloso de mi Tristeza. Pero murió mi Tristeza, como todo ser viviente, y me quedé solo, con mis reflexiones.
Y ahora, cuando hablo, mis palabras suenan pesadas en mis oídos.
Y cuando canto, mis vecinos ya no escuchan mis canciones.
Y cuando camino solo por la calle, ya nadie me mira. Sólo en sueños oigo voces que dicen compadecidas: "Mirad: allí yace el hombre al que se le murió su Tristeza".

martes, 31 de agosto de 2010

Nietzsche




¡Tan frío, tan helado, que al posar la mano, los dedos se queman; y la mano que toca retrocede horrorizada! Y por eso mismo algunos lo creen ardiente.

jueves, 26 de agosto de 2010

Anny (Jean Paul Sartre)




"En otra época —aun mucho después de que me dejó— pensaba en Anny. Ahora ya no pienso en nadie; ni siquiera me cuido de buscar palabras. La cosa se desliza en mí más o menos rápido; no fijo nada, la dejo correr. La mayor parte del tiempo, al no unirse a palabras, mis pensamientos quedan en nieblas. Dibujan formas vagas y agradables, se disipan; enseguida los olvido."


"Insinúo un vago movimiento para levantarme, para ir a buscar mis fotos de Meknes, en la caja que metí debajo de la mesa. ¿Para qué? Esos afrodisíacos ya no tienen efecto sobre mi memoria. El otro día encontré, bajo un secante, una pequeña foto empalidecida. Una mujer sonreía junto a un estanque. Contemplé un momento a esta persona sin reconocerla. Después leí, en el reverso: “Anny, Portsmouth, abril 7, 27”."

"Anny hacia rendir el máximo al tiempo. En la época en que ella estaba en Djibuti y yo en Adén, cuando iba a verla por veinticuatro horas se ingeniaba para multiplicar los malentendidos entre nosotros, hasta que sólo quedaban exactamente sesenta minutos antes de mi partida: sesenta minutos, justo el tiempo necesario para sentir el transcurso de los segundos, uno por uno. Recuerdo una de aquellas veladas. Yo debía marcharme a medianoche. Habíamos ido al cine al aire libre; estábamos desesperados, Anny tanto como yo, sólo que ella dirigía el juego. A las once, al comienzo del film principal, me tomó la mano y la estrechó entre las suyas sin decir una palabra. Me sentí invadido por una alegría acre, y comprendí sin necesidad de mirar el reloj que eran las once. A partir de ese momento empezamos a sentir el curso de los minutos. Esa vez nos separábamos por tres meses. En cierto momento apareció en la pantalla una imagen completamente blanca; la oscuridad se suavizó y vi que Anny lloraba. A medianoche me soltó la mano después de apretarla violentamente; me levanté y me fui sin decirle una sola palabra. Eso era trabajo bien hecho."


La Náusea- Jean Paul Sartre.

viernes, 20 de agosto de 2010

La edad de la razón - Jean Paul Sartre


Se detuvo en seco y la consideró con desconfianza, era la emoción que le había hecho lanzar ese grito estúpido. Esta idea la heló, porque el abandono la horrorizaba. Frunció los labios y puso ojos irónicos arqueando una ceja. Vana defensa: hubiera sido menester no verla, ella había encorvado los hombros y sus brazos pendían a la largo de los costados; esperaba, pasiva y gastada, iba a esperar así durante años, hasta el fin. Daniel pensó: “¡Su última oportunidad!”, como lo había pensado para sí mismo hacía un momento. Entre los treinta y los cuarenta las personas juegan su última probabilidad. Ella iba a jugar y perder, dentro de unos días no será mas que un montón de miseria.

martes, 3 de agosto de 2010

Aplastamiento de las gotas (Julio Cortázar)



Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.