viernes, 10 de diciembre de 2010

Ada o el ardor - Vladimir Nabokov



Van se sentía dividido entre dos emociones que se excluían mutuamente: por un lado, la certidumbre enloquecedora de que cuanto llegasen, en el laberinto de la pesadilla, cierto cuartito de luminosa memoria, provisto de un lecho y un lavado infantil, ella se le uniría, con su belleza nueva; por otro lado – el lado sombrío- el terror pánico de encontrarla cambiada, detestando lo que él deseaba como una obra mala y condenable, y revelándole le horror de la nueva situación: ambos estaba muertos, sólo existían como figurantes en una casa alquilada para el rodaje de una película.