viernes, 20 de noviembre de 2009

LA PRUEBA DE LA RULETA



El ingeniero Georges Itzigsohn jugaba a la ruleta según un plan minuciosamente calculado, a base de fluctuaciones, estadísticas y cálculo de probabilidades. Su encantadora mujer, a pesar de su formación científica en la facultad de medicina, jugaba apostando a los cumpleaños de sus hijos. Ambos perdían naturalmente, porque de otra manera no existiría el negocio de la ruleta. Pero mientas el ingeniero perdía científicamente, su mujer perdía absurdamente.

Ernesto Sabato - Heterodoxia.

martes, 17 de noviembre de 2009

E-book


E-BOOK


Fue la vedette en la última Feria del Libro en Frankfurt y su desembarco promete revolucionar de tal forma el mercado editorial, que ya se habla de un antes del e-book y después del e-book. Cómo funciona y las cifras del fenómeno.



"Eso no es un libro", bramó Ray Bradbury, uno de los grandes escritores de ciencia ficción del siglo XX, cuando le preguntaron, recientemente, su opinión sobre el e-book. Pero si bien el autor norteamericano, al igual que la mayoría de los lectores, escritores y editores, aún prefieren el papel a la pantalla, el libro electrónico ya es una realidad en el mercado tecnológico y se prepara para conquistar al mundo de la literatura con sus asombrosas posibilidades.

Como alguna vez el nacimiento de la televisión modificó para siempre la industria del cine, o como el walkman y el MP3 revolucionaron la forma de escuchar música, hoy el e-book amenaza con transformar el concepto del libro tal como lo conocemos. Claro que, al igual que cualquier gran cambio tecnológico que se precie de tal, la llegada del e-book lleva implícitos polémicas e interrogantes que ya se comienzan a dilucidar.

Antes que nada: ¿Qué es el e-book? Se trata de un dispositivo electrónico con capacidad para almacenar y reproducir miles de archivos de texto, que por su tamaño, peso y formato intenta emular la versatilidad de un libro tradicional. Cuenta con una pantalla de tinta electrónica que permite leer sin cansar la vista y pasar de una página a la otra con sólo un clic. Además, los nuevos modelos cuentan con una conexión inalámbrica 3G, similar a la de los teléfonos celulares inteligentes, lo que abre la posibilidad de bajar y leer libros, diarios, revistas y todo tipo de publicaciones, pagando –como quien se baja un ringtone o una canción- unos pocos dólares.

“El e-book es ecológico, cómodo para viajar y permitirá la difusión y la recuperación de millones de textos”, sostienen los partidarios del libro digital. En la vereda opuesta, sus detractores defienden la calidez del papel y la diversidad de ediciones y alertan sobre los riesgos de la piratería online y de la extinción de las librerías tradicionales. Para el lector, el cambio de hábito que propone el e-book es radical. Imaginemos unas vacaciones en las que sólo haya que hacer un clic para pasar de una biografía a un clásico, o de un periódico a una revista de chimentos.


La revolución digital
La librería online más grande del mundo, Amazon, picó en punta en el fértil negocio del libro electrónico. A tal punto, que su modelo Kindle es considerado como el IPhone de los e-books. Algunas cifras permiten darse una idea de sus características: tiene capacidad para almacenar 1500 títulos, pesa 280 g, y su grosor de 0,9 cm es menor al de muchos teléfonos móviles. La batería dura hasta dos semanas sin necesidad de recarga y su pantalla de tinta electrónica es de apenas 6 pulgadas. “Nuestro objetivo ha sido diseñar un producto que desaparezca en las manos del consumidor”, dijo Jeff Bezos, el presidente y fundador de Amazon, sobre su nueva criatura, que hoy es la principal fuente de ingresos de la compañía.

En octubre, Amazon dobló la apuesta y anunció una expansión por la cual el Kindle cruzará la frontera norteamericana y se venderá por USD 279 en más de cien países. Si bien aún no está confirmado, la Argentina cuenta con una adecuada red inalámbrica y sería uno de los países elegidos en los que se podrán descargar más de trescientos sesenta mil títulos, por ahora todos en inglés. Cada libro tiene un valor de USD 9,99, que incluye el gasto de conexión, por lo que a fin de mes no hay que pagar facturas adicionales por banda ancha. “Nuestra visión es que cada libro que se haya impreso, se esté imprimiendo o esté descatalogado, en cualquier idioma, esté disponible en sesenta segundos”, sostuvo el presidente de Amazon.

Durante la última Feria del Libro en Frankfurt, la meca de la industria editorial, el e-book fue uno de los grandes protagonistas. Allí, las compañías tecnológicas se codearon con las más prestigiosas casas editoriales y con las grandes plumas de la actualidad. Tanto Google como la cadena estadounidense de librerías Barnes & Noble manifestaron su interés en poner, en breve, un pie en el mercado. Igualmente, todos esperan e intentan adivinar qué conejo sacará de la galera el mago de Apple, Steve Jobs, ya que su empresa trabaja en secreto para dar batalla al Kindle.


Cuestión de tiempo
Sin embargo, pese a las expectativas que hay en la industria y a que la tecnología está disponible hace varios años, el libro digital aún no se popularizó. Según la consultora Forrester Research, se estima que a fines del 2009 se habrán vendido cerca de tres millones de lectores electrónicos en los Estados Unidos, una cifra modesta si se considera que durante su lanzamiento, Apple vendió un millón de IPhones en sólo tres días. Otro dato: la facturación anual del libro en papel en los Estados Unidos es de USD 35.000 millones y la del libro electrónico no supera, aún, los USD 1000 millones por año. “Es una cuestión de tiempo. Nadie discute si va a llegar, sino cuándo será el momento”, explica Pablo Avalluto, director editorial de Random House Mondadori, una de las casas editoras más importantes de la Argentina. Y pronostica una pronta masificación del dispositivo: “Pienso que será en dos o tres años, siempre y cuando sigan bajando los precios de los aparatos”.

Que los lectores puedan tener en la palma de la mano, instantáneamente, y a un precio accesible, cualquiera de las obras de la literatura mundial es una tarea gigantesca. Se trata, ni más ni menos, que de dar vida a la gran librería universal. Las editoriales se apuran para digitalizar sus títulos y negociar los contratos de derechos de autor con los escritores. “La gran discusión pasa por la forma en que se comercializarán los títulos para e-book. En el mercado tradicional se repartían los porcentajes entre el librero, el distribuidor, el autor y el editor. Pero los contratos no preveían semejante desarrollo tecnológico ni tenían en cuenta un mercado universal”, explica Avelluto, quien estuvo presente en la Feria de Frankfurt y fue testigo del furor por el e-book.

En tanto, en los Estados Unidos, las bibliotecas públicas ya ofrecen libros digitalizados a su comunidad. Según datos publicados por el diario The New York Times, son alrededor de cinco mil cuatrocientas las bibliotecas en las cuales la gente puede pedir un libro desde la comodidad de su casa y recibirlo en formato electrónico en su computadora portátil o en el dispositivo Reader, de Sony, que es compatible con los archivos de las bibliotecas. Y si bien el catálogo digital es ínfimo comparado con el de papel, la expansión de las versiones electrónicas es un indicio de que en un futuro se leerá cada vez menos en tinta original y más en tinta electrónica.


¿El fin del papel?
Los más optimistas predicen que, al igual que sucedió con la música o con el cine cuando se digitalizaron y se subieron a la ola de Internet, estamos ante una gran oportunidad para que la gente lea más. Mucho más. Incluso, ya comienzan a pensarse formatos que aprovechen los recursos tecnológicos del e-book para sumarlos a los elementos tradicionales del libro (vale decir, la imagen y la palabra escrita). Entre el sinfín de posibilidades se podría escribir una novela y agregarle música a un cierto pasaje; videos en lugar de ilustraciones estáticas; links que refieran a sitios de Internet y hasta convertir al lector en protagonista.

“No es un modelo sustentable para autores y editores”, se quejan por lo bajo los detractores, quien temen que la piratería informática, tal como sucedió en la industria discográfica, destruya el negocio editorial y que éste deba reinventarse (como lo hizo el de la música, mediante conciertos multitudinarios y las giras permanentes). “El mercado no se va a achicar. Pero sí va a surgir un público nuevo”, sostiene Avelluto.

La postura predominante en el mundo editorial es más conciliadora. La convivencia armónica entre ambos formatos parece ser el escenario más probable en el corto plazo.






Por: Manuel J. Torino – Revista “Nueva”, domingo 15 de noviembre de 2009.

jueves, 12 de noviembre de 2009

El camino del exceso - Héroes del Silencio


Un huracán de palabras en la ronda a tabernas.
Orfeón cotidiano, entóname tu plan.
Salpica la sangre, de espuela enloquece.
Si no hay paraíso, ¿dónde revientas?

Es cierto: ¡camino de exceso, fuente de saber!
Un plato de desprecio ahoga el veneno.
Mientras dure el dinero y dure el empeño,
ladrillo a ladrillo quedan años después.

Si estás dispuesto a afrontar la escena,
no es de William Blake.
¿Estás dispuesto a devorar estrellas
que sacien tu sed?

Y escucha, apenas afino melodías de perdedor.
Los cielos han gastado mi último suspiro,
Quedaron atrás todos los enemigos,
y aún me queda la duda de un futuro mejor.

Si estás dispuesto a afrontar, la escena
no es de William Blake.
¿Estás dispuesto a devorar estrellas
que sacien tu sed?

El camino del exceso.
El camino del exceso.
El camino del exceso.
Dí: el camino del exceso.

Quemamos con malas artes el espíritu del vino,
y no va a regresar. No, no va a regresar.
Y quemamos con malas artes el espíritu del vino,
y no va a regresar. No, no va a regresar.

El camino del exceso.
El camino del exceso.
El camino del exceso.
Dí: el camino del exceso.

Quemamos con malas artes el espíritu del vino,
y no va a regresar. No, no va a regresar.
Y quemamos con malas artes el espíritu del vino,
y no va a regresar. No, no va a regresar.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Rayuela - Julio Cortázar


La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la
piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo (Et tous nos amours, sollozó Emmanuèle boca abajo), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia (Je n’oublierai pas le temps des cérises, pataleó Emmanuèle en el suelo) se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes,
una piedrita y la punta de un zapato.




Fragmento: extraído, capítulo 36 - Rayuela - Julio Cortázar

lunes, 2 de noviembre de 2009

Snob-land II

Salidas que hayan mitigado el snobismo por el que pasé, finalmente, casi no fueron. No las que quería. Sin embargo, hubo algunas más que placenteras.

Fui a una de esas librerías bellísimas y románticas, de las que también visito cuando viajo a Santa Fé. De esas librerías que tienen libros de todo tipo. De esas librerías para lectores con ansias de letras. Y de ahorro.

No hablo de aquellas que tienen estanterías con los libros ordenados por orden alfabético, o por autor, o por temario. Nada de eso. Es de esas librerías que tienen todos los libros en una mezcla que maravilla a cualquiera. Más allá de esa belleza, esto fue lo más importante y lo que más encanto me produjo: el hombre que atendía, calculo de unos cincuenta y cinco años, con un acento español terrible, cuando le pedí “El coleccionista”, de John Fowles, fue a la estantería exacta en donde estaba el libro. No hubo error. No se confundió. No dudó. En un océano de títulos, colores, encuadernaciones fantásticas, él fue al libro exacto.

Salí encantada de ese lugar. Volví al otro día. Quise ponerlo a prueba otra vez. Ahora, con “La niña verde”, de Read. Como el día anterior, sin ni siquiera pensar un segundo en dónde podía estar, caminó hasta una estantería al final del salón. Yo iba detrás de él. Frenó de golpe y, subí la vista, y ahí estaba el libro. Me lo alcanzó, y fui hasta la caja. Cuando estaba por pagar los libros que llevaba, llegó alguien a la caja. Parecía ser alguna especie de amigo, o conocido, planteándole su idea de suicidio. El hombre con el acento español parecía que buscaba evitar su conversación, diciéndole cosas como “bueno, ya pasará todo, sólo es un mal momento por el que estás pasando”, como si eso fuera algo que vaya a molestarme a mí, o a la gente que se encontraba en el lugar. Como si ese hecho puntual fuera a dejar una mala imagen para el comercio en cuestión.

Le consulté por “La náusea”. Creo que le dolió en el alma tener que decirme que no lo tenía.





MissRM