domingo, 30 de agosto de 2009

El hombre que casi conoció a Michi Panero





NACHO VEGAS

Es hora de recapitular las ostias que me ha dado el mundo.
Hoy querrán oír mi último adiós.
Bien. Poco a poco van llegando y, yo, los recibo en batín.
Y unos me llaman "chaval", y otros me dicen "caballero".
Alguno no se ha querido pronunciar.
Yo una vez tuve un amor pero, si he de ser sincero,
dije no en el altar y, cuando digo no, es no.
Fracasé una vez, fracasé diez mil y, aún así, alzo mi copa hacia el cielo
en un brindis por el hombre de hoy y por lo bien que habita el mundo.
Mirad, las niñas van cantando...
Y no me habléis de eternidad, no me habléis de cielos ni de infiernos.
¿No véis que yo le rezo a un dios que me prometió
que cuando ésto acabe no habrá nada más? ¿Fué bastante ya?.
Y nunca fui en nada el mejor, tampoco he sido un gran amante,
más de una lo querrá atestiguar.
Pero, si algo hay capital, algo de veras importante,
es que me voy a morir y, cuando digo voy, es voy.
Lo he pasado bien, y casi conocí en una ocasión a Michi Panero,
y es bastante más de lo que jamás soñaríais en mil vidas.
Mirad, las niñas van cantando...
Dejadme preguntar: ¿ésto es el final?. Y, si es así, decid,
¿me váis a extrañar?. Veo que asentís pero, yo sé que no.
Qué lástima, no dejaré nadie a quien transmitir mi savia:
consideré insensato procrear.
Y diréis de mí que soy un viejo verde y cascarrabias.
Y diréis muy bien y, cuando digo bien, es bien.
Largo ya de aquí, ¿que queréis de mí? ¿Es mi alma o es mi dinero?
Si de uno carezco y, la otra, es una anomalía en ésta vida.
Mirad, las niñas van cantando...
Bien. Poco a poco van llegando y, yo, los recibo en batín.
Y unos me llaman "chaval", y otros me dicen "caballero".
Alguno no se ha querido pronunciar.
Yo una vez tuve un amor pero, si he de ser sincero,
dije no en el altar y, cuando digo no, es no.

He bebido bien, y casi conocí en una ocasión a Michi Panero y, ahora,
brindo en paz por la humanidad, y por lo bien que habita el mundo.
Escuchad, os lo diré cantando: hasta nunca...

sábado, 29 de agosto de 2009

La mujer habitada - Gioconda Belli

Es de noche. La humedad de la tierra me penetra por estas largas venas de madera. Estoy despierta. ¿Será que nunca más volveré a dormir, nunca más abandonarme a los sueños, nunca más conocer los augurios descifrados de la ensoñación?. Seguramente habrá muchas cosas que nunca más volveré a sentir. Mientras miraba a la mujer tan pensativa en el jardín, hubiera querido saber qué meditaba y hubo momentos que me pareció sentirla cerca, como si sus pensamientos se mezclaran con los murmullos del viento.¡Ah! Pero bien pronto me distraje con la luna. Salió lejos. Se veía grande y amarilla, una fruta madura elevándose en el firmamento, aclarándose, brillando blanca en la medida que se remontaba hacia el punto más alto del cielo. Y las estrellas, otra vez, y su misterio. La noche siempre fue para mí el tiempo de la magia. Volver a verlo después de tantos katunes (cuántos, me pregunto) fue suficiente para despojarme de la tristeza que empezaba a sentir por todos los "nunca más" que me esperan. Debería agradecer a los dioses el haber emergido de nuevo y respirar en tantas ramas, en este ancho vestido verde que me dieron para volver.Me puse a mecerme en el aire, a columpiarme sintiéndome liviana. Ya más de alguna vez había pensado que los árboles se veían tan erectos y gráciles, a pesar de los grandes troncos, como si éstos no les pesaran. Y es que las raíces dan una sensación muy distinta a la de los pies, son diminutas piernas extendidas en la tierra: una parte de mi cuerpo está sumida en la tierra dándome una firme sensación de equilibrio que nunca sentí cuando andaba apoyada en la superficie, cuando sólo tenía pies. Es de noche entonces y las luciérnagas revolotean alrededor de pájaros dormidos. La vida bulle en mí como un estar preñada; un telar de mariposas, el lento gestar de frutas en las corolas de los azahares. Divertido pensar que seré madre de naranjos. Yo que tuve que negarme los hijos.

viernes, 28 de agosto de 2009

Memorias del subsuelo - Fedor Dostoievsky


Cuando llegaban a los dieciséis años, los observaba con una curiosidad sombría: la mezquindad de sus pensamientos, la imbecilidad que denotaban sus ocupaciones, sus conversaciones, sus juegos, me paralizaban de asombro. No comprendían

ciertas cosas de gran importancia, no prestaban atención a las cosas más notables, y ello me impulsó a considerarme, en contra de mi voluntad, muy superior a ellos. No era en modo alguno la vanidad herida el motivo de mi actitud, y, ¡en nombre del cielo!, no me vengáis con esa objeción, tan repetida que ya me produce náuseas, de que yo soñaba despierto mientras ellos poseían ya el sentido de la realidad. ¡De ningún modo! No comprendían nada, no tenían el menor sentido de la realidad. Esto era precisamente lo que me parecía más despreciable en ellos. Por el contrario, acogían la realidad más evidente, la que, por decirlo así, entra por los ojos, con la más estúpida incomprensión. Es más, aunque sólo tenían dieciséis años, ya se inclinaban servilmente ante el éxito. De todo lo verdadero y justo, pero que estaba postergado y despreciado, se burlaban necia y cruelmente. Daban más valor a los diplomas que a la inteligencia. Tenían sólo dieciséis años, y ya ponían por encima de todo las sinecuras.

Deshacer el mundo



Empezar porque si
y acabar no sé cuando
el azul me da cielo
y el iris los cambios
los astros no estan mas lejos
que los hombres que trato
repito otras voces
que siento como mias
y se encierran en mi cuerpo
con rumor de mar gruesa

Te he dicho que no mires atras
porque el cielo no es tuyo
y hay que empezar despacio
a deshacer el mundo

El aliento de la tierra
y su calma serena
y la sombra de la tarde
que es una mano que tiembla
la musica me abre secretos
que ahora estan dentro de mi
al final después de todo
no somos tan distintos
un oasis en desierto
donde queda la paciencia

Te he dicho que no mires atras
porque el cielo no es tuyo
y hay que empezar despacio
a deshacer el mundo

ponme fuera del alcance
del bostezo universal
nos veremos en el exilio o en una celda
ponme fuera del reposo
en mi historia personal
soy un ave rapaz:
mirad mis alas!

jueves, 27 de agosto de 2009

Capítulo 7 de Rayuela



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.